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Vacíos, vicios y vencidos

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Los grupos se van formando, con tiempo, afinidades, sonrisas, sueños, no sólo de intenciones.

La fiesta, sin duda que era de lo mejor; llegó la mayor parte de los amigos de secundaria y primaria. Por muchos años no nos veíamos, todo gracias a las redes sociales. Risas, recuerdos, se hizo un grupo por una red social de inmediato y muchos subían fotos de nuestros días.

Allí comenzaron muchos a sentirse excluidos, incómodos. Algo estaba de más y de menos en las fotos; algo no lograba equilibrar el comienzo de la fiesta, la música ya había bajado de volumen.

Hubo fotos de los quince años de algunas compañeras y se vio que no todos fueron invitados. Las cenas de graduación de la preparatoria, las familiares donde aparecían los amigos de ellos, que ese día no fueron, porque luego en la carrera se enemistaron.

Otros subieron fotos de sus bodas, y por supuesto no estaba yo en alguna, dijo ella. “Me hizo sentir ajena al grupo en el que estaba, ni Mary ni mi mejor amiga, que sabía dónde trabajaba y no me invito”. Allí me dijo: “Amiga Grecia, es que todo fue tan rápido”, pero sí estaba en la foto Daniel, su novio de la secundaria con quien no dejaban de bailar. Ya se habían separado los dos de sus parejas, allí me enteré.

Entonces, me di cuenta que los verdaderos amores, no se olvidan.

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La discusión no tardó en llegar. La felicidad traducida a la escuela de los hijos, las casas, los carros y hasta viajes, salieron a relucir. Fauces bravas se veían al sonoro grito: “siempre fuiste un mediocre”, los amigos se volvieron enemigos en minutos.

Salí a tomar un poco de aire. Subí a mi carro y me retiré, al día siguiente, revisé la red social llena de insultos y los que abandonaron el grupo; nadie nos envenenó, solo relució la frustración del ser.

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