Arte & Cultura
“¿De verdad les sorprende?”: Arqui Juve entra al debate educativo
MÉXICO.— Durante los últimos días, México volvió a hacerse una pregunta incómoda:
¿por qué nuestros estudiantes siguen aprendiendo menos de lo que deberían?
Gobierno.
Profesores.
Planes educativos.
Libros.
Presupuesto.
Pandemia.
Desigualdad.
Todos han aparecido dentro de las explicaciones.
Pero el arquitecto y creador digital conocido como El Arqui Juve decidió señalar a otro actor:
los padres de familia.
En un video difundido en redes sociales cuestionó la indignación de quienes responsabilizan únicamente al Estado y las escuelas después de conocer bajos resultados académicos.
“¿Por qué les sorprende que los niños salgan tan mal evaluados?”, cuestionó.
Después lanzó la parte más polémica de su mensaje.
Sostuvo que algunas familias han contribuido al problema porque han debilitado progresivamente la autoridad de los docentes.
“Han convertido las escuelas en servicio al cliente”
El argumento de Juve gira alrededor de una idea.
La escuela dejó de ser vista por algunos padres como una institución donde sus hijos también deben aceptar reglas, consecuencias y correcciones.
Y comenzó a ser tratada como un servicio.
Si el alumno recibe una llamada de atención:
se reclama.
Si obtiene una mala calificación:
se cuestiona al maestro.
Si existe una sanción:
se culpa a la escuela.
“Ustedes son los primeros en alzar la voz si a su hijo se le reprende o si a su hijo se le corrige”, señaló el creador.
Según Juve, las instituciones educativas también tienen la función de enseñar algo que trasciende matemáticas, historia o español:
entender y respetar reglas colectivas.
Su comentario apareció justo cuando México discute nuevamente la calidad de su sistema educativo.
PISA 2025 acaba de colocar números sobre la mesa
El pasado 8 de septiembre, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos publicó los resultados de PISA 2025.
La evaluación mide qué tan capaces son estudiantes de 15 años para aplicar conocimientos en situaciones reales.
No analiza simplemente cuánto pueden memorizar.
Evalúa:
ciencias;
matemáticas;
lectura;
y resolución de problemas.
Los resultados mexicanos volvieron a quedar debajo del promedio de la OCDE.
México obtuvo 388 puntos en matemáticas
El resultado más preocupante apareció en matemáticas.
México obtuvo:
388 puntos.
El promedio de la OCDE fue:
463.
La diferencia es de 75 puntos.
Pero existe un dato todavía más fácil de comprender.
Sólo alrededor de 30% de los alumnos mexicanos alcanzó al menos el nivel básico de competencia matemática.
Eso implica dificultades para interpretar y resolver situaciones relativamente elementales utilizando matemáticas.
También cayó lectura
México obtuvo:
408 puntos en lectura.
El promedio OCDE fue:
461 puntos.
En comparación con 2022, el resultado mexicano disminuyó siete puntos.
Las capacidades lectoras no significan únicamente pronunciar palabras.
PISA evalúa si el estudiante puede comprender información, identificar argumentos, relacionar partes de un texto y utilizar lo leído para resolver problemas.
Es decir:
habilidades que necesitará prácticamente en cualquier profesión.
Ciencias fue ligeramente mejor, pero no suficiente
En ciencias México alcanzó:
414 puntos.
El promedio OCDE fue:
482.
Hubo una pequeña mejora de cuatro puntos frente a 2022.
Pero la OCDE señaló que el cambio no fue estadísticamente significativo.
Además, 49.6% de los estudiantes mexicanos quedó por debajo del nivel básico en ciencias.
Y apenas 0.2% alcanzó los niveles superiores de desempeño.
¿Entonces El Arqui Juve tiene razón sobre los padres?
Aquí empieza la parte interesante.
PISA también pregunta a los estudiantes sobre el ambiente en el que aprenden.
Y uno de los resultados de 2025 sí muestra una reducción en el acompañamiento familiar.
En 2022:
71% de estudiantes mexicanos decía que sus padres o tutores les preguntaban al menos semanalmente qué habían hecho en la escuela.
En 2025:
63%.
Una caída de ocho puntos porcentuales en apenas tres años.
Hablar de los problemas escolares también disminuyó
La diferencia fue todavía mayor en otro indicador.
En 2022:
56% de estudiantes afirmaba conversar al menos una vez por semana con sus padres sobre problemas que pudiera tener en la escuela.
En 2025:
sólo 42%.
Eso representa una caída de 14 puntos.
En otras palabras:
menos de la mitad de los estudiantes mexicanos de 15 años afirma hablar semanalmente en casa sobre los problemas que enfrenta dentro de la escuela.
Ese dato no demuestra que los padres sean responsables de las bajas calificaciones.
Pero sí demuestra que la participación familiar merece formar parte de la discusión.
El salón tampoco siempre es un lugar favorable para aprender
Juve también habló de disciplina.
Aquí nuevamente existen datos.
En las clases de ciencias de México:
20% de los estudiantes reportó que no podía trabajar adecuadamente en la mayoría o todas las clases.
35% señaló que el ruido y el desorden interrumpían la mayoría o todas las sesiones.
Y 27% dijo que sus compañeros no escuchaban lo que decía el profesor.
No son cifras menores.
Un maestro puede tener preparación.
Puede tener materiales.
Puede tener un programa.
Pero si una tercera parte del salón enfrenta ruido y desorden constante, enseñar se vuelve considerablemente más difícil.
¿Ha perdido autoridad el profesor?
Ésta es una pregunta más difícil de medir.
No existe una estadística que diga:
“los profesores tienen 37% menos autoridad”.
Pero sí existe una transformación cultural.
Durante décadas, el maestro tuvo una enorme autoridad dentro del salón.
En algunos casos, demasiada.
Existieron abusos.
Humillaciones.
Castigos físicos.
Prácticas que hoy correctamente serían inaceptables.
El cambio hacia una educación basada en derechos fue necesario.
Pero aparece otra pregunta:
¿es posible proteger al alumno sin quitar al profesor la capacidad de corregirlo?
Ese es el punto donde la reflexión de Juve encuentra resonancia.
Corregir no significa maltratar
Este matiz resulta esencial.
Defender la autoridad docente no significa regresar a épocas donde profesores podían golpear, humillar o ridiculizar estudiantes.
No significa permitir abusos.
No significa que los padres nunca puedan cuestionar una decisión.
Significa reconocer que una institución educativa necesita reglas.
Horarios.
Evaluaciones.
Consecuencias.
Responsabilidades.
Y una figura adulta con capacidad real para hacerlas cumplir.
Un profesor tampoco es empleado personal de cada familia
En un grupo pueden existir:
20 alumnos.
O más.
Cada uno pertenece a una familia distinta.
Cada familia tiene criterios diferentes.
Si cada padre exige que el docente eduque exactamente según sus preferencias particulares, la escuela pierde capacidad colectiva.
Ahí adquiere sentido una de las frases de Juve:
las instituciones educativas ayudan a comprender “las reglas colectivas”.
Un salón es precisamente uno de los primeros lugares donde un niño aprende que no todo gira alrededor de sus necesidades individuales.
Pero culpar únicamente a los padres sería igualmente simplista
Aquí está el límite del argumento.
México no obtiene malos resultados educativos solamente porque existan padres sobreprotectores.
La propia PISA muestra problemas estructurales muy grandes.
Uno de ellos:
tecnología.
México cuenta con apenas 2.26 computadoras por cada diez estudiantes en los centros analizados, una de las proporciones más bajas entre los participantes.
También existen problemas en formación docente
Otro dato resulta particularmente delicado.
De acuerdo con los indicadores de PISA 2025, únicamente 54% de los profesores en las escuelas frecuentadas por los alumnos evaluados aparecía como plenamente certificado por la autoridad correspondiente.
México se ubicó entre los niveles más bajos de los países participantes.
Si queremos exigir a las familias, también tenemos que exigir al sistema.
Las escuelas necesitan recursos
Una educación adecuada requiere:
profesores preparados;
materiales;
infraestructura;
internet;
computadoras;
bibliotecas;
espacios seguros;
capacitación;
evaluación;
y acompañamiento.
Un padre involucrado no puede reemplazar todo eso.
De la misma manera que una excelente escuela tampoco puede sustituir completamente una familia ausente.
Ahí aparece la palabra más importante:
corresponsabilidad.
Gobierno y padres también están discutiendo PISA
Después de conocerse los resultados, organizaciones de padres cuestionaron la Nueva Escuela Mexicana y pidieron un diagnóstico más crítico de las causas del deterioro.
La presidenta Claudia Sheinbaum, en cambio, cuestionó aspectos metodológicos de PISA y pidió considerar las diferencias socioeconómicas entre países.
El debate quedó rápidamente politizado.
Unos responsabilizan al modelo educativo actual.
Otros defienden avances en inclusión y educación pública.
Mientras tanto, los números permanecen.
Hay algo que los resultados contradicen: los alumnos sí quieren aprender
PISA 2025 ofrece un dato sorprendente.
Los estudiantes mexicanos muestran niveles altos de curiosidad y perseverancia.
81.2% dijo que le gusta aprender cosas nuevas en la escuela.
El promedio de la OCDE fue apenas 68.8%.
Eso coloca a México entre los países donde más estudiantes dicen disfrutar el aprendizaje.
También dicen esforzarse
El 75.9% de los alumnos mexicanos afirmó realizar un esfuerzo adicional cuando el trabajo se vuelve difícil.
El promedio de la OCDE fue 59.5%.
Además, México aparece entre los países con mejores indicadores declarados de:
curiosidad;
perseverancia;
adaptabilidad cognitiva;
y disposición para pedir ayuda.
Eso desmonta otra explicación fácil:
“los jóvenes de ahora son flojos”.
No parece tan simple.
Tenemos estudiantes motivados, pero resultados bajos
Ésta quizá sea una de las contradicciones más importantes.
Muchos alumnos mexicanos dicen:
“quiero aprender”.
“me esfuerzo”.
“me interesa saber cómo funcionan las cosas”.
Pero sus resultados académicos continúan muy por debajo de los países con mejores sistemas.
Entonces el problema no puede explicarse únicamente por falta de ganas.
Algo está ocurriendo entre esa motivación y el aprendizaje real.
La familia forma hábitos antes que la escuela
Aquí vuelve a entrar el argumento de Juve.
Una escuela recibe a un niño durante determinadas horas.
La familia tiene influencia sobre:
horarios de sueño;
alimentación;
uso del teléfono;
tareas;
lectura;
puntualidad;
respeto;
rutinas;
responsabilidad;
y respuesta ante la frustración.
Esas conductas afectan directamente la experiencia escolar.
El celular es otro actor silencioso
Aunque el video de Juve se concentra en padres y autoridad, existe otro elemento que transformó completamente la educación:
los dispositivos digitales.
PISA ha documentado distracciones relacionadas con pantallas dentro del aula.
En 2022, 25% de estudiantes mexicanos reportó distraerse en matemáticas utilizando dispositivos digitales y 21% distraerse por dispositivos de otros alumnos.
La tecnología puede servir para aprender.
También puede competir permanentemente por la atención.
¿Quién debe poner límites al teléfono?
La escuela.
Pero también la familia.
Y aquí vuelve la corresponsabilidad.
Si un profesor pide guardar el celular y un padre protesta porque necesita comunicarse permanentemente con su hijo, el límite se vuelve difícil.
Si una escuela prohíbe dispositivos pero no existen reglas uniformes, también.
La discusión sobre autoridad no puede separarse del mundo digital.
Las calificaciones tampoco son un servicio de satisfacción
Otro cambio cultural es la relación con la evaluación.
Una mala calificación debería responder a una pregunta:
¿qué no aprendió el estudiante?
Pero puede transformarse en otra:
¿por qué el maestro le puso esa calificación a mi hijo?
No siempre es incorrecto cuestionar.
Un profesor puede equivocarse.
Pero si la primera reacción es defender la calificación antes de analizar el aprendizaje, el incentivo cambia.
La frustración también educa
Un niño no siempre va a ganar.
No siempre va a recibir diez.
No siempre va a ser elegido.
No siempre va a tener razón.
No siempre va a agradarle el profesor.
Aprender a afrontar esas situaciones es parte del desarrollo.
Eliminar toda frustración puede parecer protección en el corto plazo.
Pero también puede impedir que se desarrollen habilidades necesarias en universidad y trabajo.
La pregunta de Juve apunta al futuro profesional
El creador hizo otra observación particularmente dura.
Preguntó qué calidad de profesionistas tendrá México dentro de algunos años.
Esa preocupación tiene una base real.
Los alumnos evaluados por PISA tienen 15 años.
En aproximadamente una década muchos serán:
ingenieros;
enfermeros;
arquitectos;
contadores;
técnicos;
docentes;
programadores;
médicos;
emprendedores.
Las capacidades que hoy presentan terminarán entrando al mercado laboral.
Matemáticas no sirve solamente para ser ingeniero
Cuando PISA habla de matemáticas no evalúa únicamente fórmulas escolares.
Evalúa capacidad de razonar.
Comparar.
Interpretar.
Resolver.
Tomar decisiones con números.
Un adulto utiliza esas habilidades cuando:
calcula intereses;
compara créditos;
interpreta una gráfica;
administra un negocio;
calcula material;
lee una estadística;
o decide si una oferta realmente conviene.
Por eso los 388 puntos importan.
Leer tampoco significa sólo terminar un libro
Comprensión lectora está presente en casi todo.
Un contrato.
Una receta.
Una instrucción.
Una noticia.
Un reglamento.
Una solicitud.
Una ley.
Un manual.
Si un estudiante tiene dificultades para identificar argumentos y comprender información compleja, el problema lo acompañará mucho después de terminar la escuela.
La educación no admite un único culpable
El mensaje de El Arqui Juve funciona porque provoca.
“Miren a los padres”.
Y obliga a observar un aspecto que frecuentemente queda fuera de las discusiones gubernamentales.
Pero los datos indican que la explicación completa necesita mirar en todas direcciones.
Padres.
Maestros.
Directores.
Autoridades.
Presupuesto.
Currículo.
Tecnología.
Desigualdad.
Disciplina.
Estudiantes.
Un padre puede defender y exigir al mismo tiempo
No tendría que existir contradicción.
Un padre puede proteger a su hijo ante un abuso.
Y al mismo tiempo exigirle respetar al maestro.
Puede cuestionar una sanción injusta.
Y respaldar una consecuencia cuando el estudiante cometió una falta.
Puede exigir buena educación a la escuela.
Y revisar tareas en casa.
Puede pedir profesores preparados.
Y preguntar diariamente:
“¿Qué aprendiste hoy?”
Eso es corresponsabilidad.
También debemos dejar de tratar al docente como enemigo
El maestro tiene una función difícil.
Debe enseñar.
Evaluar.
Mantener orden.
Atender diferencias de aprendizaje.
Lidiar con tecnología.
Resolver conflictos.
Cumplir burocracia.
Y comunicarse con familias.
Si además cualquier corrección termina convertida inmediatamente en confrontación, la capacidad para manejar el aula se reduce.
Pero esa autoridad también debe ejercerse profesionalmente y con respeto.
México necesita una conversación menos cómoda
Quizá el mayor mérito de la reflexión de Juve sea provocar una pregunta que nadie disfruta hacerse:
¿qué parte del problema educativo nos corresponde personalmente?
Es sencillo exigir al Gobierno.
También es necesario.
Es sencillo reclamar a la escuela.
A veces es indispensable.
Pero resulta mucho más incómodo preguntarse:
¿hablo con mis hijos sobre su escuela?
¿sé qué están aprendiendo?
¿respeto al maestro frente a ellos?
¿les pongo límites?
¿leo con ellos?
¿vigilo cuánto tiempo pasan frente al teléfono?
¿acepto que puedan equivocarse?
Los datos de PISA no son una sentencia
Una evaluación internacional no define el futuro de un país.
Pero sí funciona como una señal.
México tiene jóvenes que afirman querer aprender.
Tiene docentes comprometidos.
Tiene familias interesadas.
Tiene escuelas capaces de producir buenos resultados.
El problema es convertir todo eso en aprendizaje efectivo y generalizado.
Escuela y familia no deberían competir
La discusión no debería ser:
padres contra maestros.
Ni:
Gobierno contra padres.
Un estudiante necesita que los adultos importantes de su vida transmitan mensajes compatibles.
Respeta.
Pregunta.
Esfuérzate.
Cumple.
Equivócate.
Corrige.
Aprende.
Cuando hogar y escuela funcionan como adversarios, quien queda atrapado en medio es precisamente el alumno.
Una frase incómoda en el momento adecuado
El Arqui Juve no es especialista en política educativa.
Es arquitecto y creador de contenido.
Su opinión no sustituye investigaciones pedagógicas ni análisis de la OCDE.
Pero puso sobre la mesa un elemento que los propios datos de PISA permiten discutir:
el acompañamiento familiar está disminuyendo.
Eso no libera al Gobierno de responsabilidad.
No libera a los maestros.
No libera a las instituciones.
Simplemente agrega un actor que también debe mirarse al espejo.
Los resultados educativos pertenecen al país entero.
Y probablemente la solución también.
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final
La educación no ocurre únicamente dentro del salón.
También se construye en casa, en las reglas, los hábitos, la disciplina y el acompañamiento cotidiano.
Pero tampoco puede utilizarse a las familias como excusa para ignorar las deficiencias del sistema educativo.
¿Crees que actualmente algunos padres protegen demasiado a sus hijos frente a maestros y escuelas, o consideras que el problema sigue estando principalmente en las instituciones?
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