Nacional
Teemich, cómplice del miserable Fernández Noroña.
El silencio también agrede. Y cuando proviene de una institución encargada de garantizar la legalidad electoral, se convierte en una forma de complicidad. Eso es lo que hoy proyecta el Tribunal Electoral del Estado de Michoacán al desentenderse de las agresiones verbales y políticas lanzadas por Gerardo Fernández Noroña contra la alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz. No se trata de un exabrupto aislado. Es un patrón. Fernández Noroña ha hecho de la descalificación un estilo, del insulto una herramienta y de la violencia verbal un espectáculo. Pero lo verdaderamente alarmante no es su conducta —ya conocida—, sino la indiferencia institucional frente a ella. El Teemich, que debería actuar como garante del respeto en la contienda pública, opta por mirar hacia otro lado.
¿Dónde queda entonces la defensa de las mujeres en la política? ¿Dónde la narrativa oficial que presume avances contra la violencia de género? Cuando una figura pública agrede con lenguaje denigrante a una autoridad municipal mujer, el mínimo exigible es una respuesta firme, clara, institucional. No hay matices posibles. O se condena o se normaliza. Y ese órgano venido a menos, con su omisión, parece inclinarse peligrosamente hacia lo segundo.
Este tipo de agresiones no son menores. Alimentan un clima de hostilidad que inhibe la participación, que desacredita el ejercicio del poder femenino y que manda un mensaje devastador: que todo se vale si se tiene tribuna y padrinos políticos. La pasividad del tribunal no solo es decepcionante, es peligrosa.
Porque el problema no es únicamente el miserable Fernández Noroña. El problema es el precedente. Si hoy no pasa nada, mañana será peor. Si hoy no se sanciona, mañana se replicará. Y así, paso a paso, la política se degrada hasta convertirse en un lodazal donde la violencia sustituye al debate.
El Teemich tenía la oportunidad de marcar un límite. De enviar un mensaje de civilidad, de respeto, de legalidad. La dejó pasar. Y en política, las omisiones pesan tanto como las acciones.
Callar, en este caso, no es neutralidad. Es tomar partido.
Con información de Quadratin