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SCJN recorta su semana laboral: ¿menos días, más gasto y menos justicia?

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⚖️ La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) acaba de publicar en el Diario Oficial de la Federación su nuevo reglamento interno, que a primera vista parece innovador, pero en el fondo abre una peligrosa ventana de ineficiencia y derroche.

Según las nuevas reglas, las sesiones ordinarias del Pleno se concentrarán únicamente de lunes a jueves, dejando el viernes como una especie de “comodín” para casos excepcionales. Y aquí surge la primera gran duda: ¿realmente es viable reducir la jornada de la máxima instancia de justicia en un país donde se acumulan miles de demandas y controversias sin resolver?

Sesiones itinerantes: ¿justicia o espectáculo costoso?

El reglamento también plantea la posibilidad de celebrar sesiones itinerantes en estados de la República, especialmente en comunidades indígenas y afromexicanas. Aunque suene “socialmente justo”, en la práctica implica traslados, logística y gastos millonarios que poco contribuyen a resolver el atasco de expedientes en los tribunales. ¿No debería la prioridad ser agilizar la impartición de justicia en lugar de montar giras de alto costo?

Tiempos limitados para el debate: justicia exprés

Otro punto que indigna es la imposición de límites de tiempo: 10 minutos por ponente, 7 minutos por ministro en la primera ronda y 5 en la segunda. En apariencia, esto busca “agilizar” los procesos; en la realidad, es un formato que convierte las discusiones jurídicas en simples cápsulas exprés que difícilmente harán justicia a la complejidad de los casos.

Menos días, más burocracia

México enfrenta un rezago histórico en materia judicial: controversias constitucionales, acciones de inconstitucionalidad y miles de amparos se acumulan año tras año. Frente a esta avalancha, la SCJN responde recortando su semana laboral y al mismo tiempo anunciando más “procesos administrativos automatizados”. ¿De qué sirve la tecnología si el recurso humano —los ministros y sus sesiones— se reduce?

Conclusión

La reforma del reglamento de la Corte se presenta como un avance, pero en los hechos parece ser una estrategia maquillada: menos días de trabajo, más gasto en traslados y menos tiempo real para debatir los casos que marcan el rumbo del país.

Una pregunta inevitable surge: ¿quién gana con este cambio? Porque la justicia, sin duda, no es la beneficiada.

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