Nacional
Años de silencio: crecen denuncias por acoso en la UPAEP y la universidad apenas responde
La Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) enfrenta una grave crisis institucional tras el crecimiento sostenido de denuncias por acoso, hostigamiento y abuso sexual, revelando un problema que —según estudiantes y activistas— ha sido sistemáticamente ignorado o encubierto por años.
Aunque los casos no son nuevos, apenas ahora comienzan a salir a la luz con fuerza. La reciente detención y vinculación a proceso de Miguel Toxqui Toxqui, exjefe del área de Educación Física y Deportes, acusado de abuso sexual contra una alumna menor de edad, ha sacudido a la comunidad universitaria. El escándalo ha provocado nuevas denuncias públicas de estudiantes que afirman haber sido acosadas por docentes, administrativos y compañeros, sin recibir una respuesta clara ni acciones contundentes de la universidad.
En redes sociales, se han difundido testimonios que coinciden en una queja común: la UPAEP prioriza su imagen institucional por encima del bienestar de las víctimas. Casos que fueron documentados desde hace años fueron archivados, ignorados o “resueltos” con medidas superficiales.
Aunque la universidad ha reportado que el 30% de las denuncias atendidas en su Sistema de Integridad terminaron en sanción o expulsión, la realidad contrasta con el reclamo de muchos estudiantes que aseguran que el proceso interno revictimiza a las denunciantes y carece de independencia.
El caso de un estudiante denunciado en marzo de este año por violencia de género reactivó la presión pública, obligando a la universidad a pronunciarse. Sin embargo, organizaciones feministas universitarias denuncian que no es la primera vez que la institución protege a agresores o permite su permanencia.
“La UPAEP ha mantenido una política de aparente neutralidad que en la práctica beneficia a los acosadores. Lo que vemos hoy es el resultado de años de complicidad institucional”, señaló una exalumna que pidió el anonimato.
Mientras el escándalo crece, y más víctimas alzan la voz, la universidad se encuentra en un momento decisivo: o transforma sus protocolos con transparencia y justicia real, o perderá por completo la confianza de su comunidad. Lo que hoy estalla, no es un problema nuevo: es el resultado de años de silencios impuestos y denuncias ignoradas.