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El día más activo del año llegó con un Atlántico prácticamente vacío

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MÉXICO.— El calendario dice septiembre.

Las aguas del Atlántico se encuentran cerca de sus temperaturas máximas anuales.

Y estadísticamente estamos atravesando los días con mayor probabilidad de encontrar tormentas y huracanes activos al mismo tiempo.

Pero en 2026 ocurre algo completamente diferente.

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No se ha formado un solo huracán en el océano Atlántico.

El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos reportó este viernes 11 de septiembre que no existe actualmente ningún ciclón tropical activo en la cuenca atlántica, que incluye el Atlántico, el mar Caribe y el Golfo.

La anomalía resulta especialmente llamativa por la fecha.

El 10 de septiembre es el verdadero pico climatológico

Existe una pequeña precisión respecto de las publicaciones que comenzaron a circular este viernes.

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El pico estadístico de la temporada no corresponde exactamente al 11 de septiembre.

Es el 10 de septiembre.

El National Hurricane Center utiliza registros históricos entre 1944 y 2020 para mostrar cómo cambia la actividad ciclónica durante cada día del año.

La curva alcanza su máximo precisamente alrededor del 10 de septiembre.

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Eso no significa que todos los 10 de septiembre tenga que existir un huracán.

Es un promedio climatológico.

Hay años extremadamente activos.

Otros mucho más tranquilos.

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Pero llegar a esta fecha sin haber producido siquiera el primer huracán es excepcional.

Cinco tormentas, cero huracanes

La temporada de 2026 no ha estado completamente vacía.

Hasta el 10 de septiembre se habían desarrollado cinco tormentas tropicales:

Arthur.

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Bertha.

Cristobal.

Dolly.

Edouard.

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Ninguna alcanzó categoría de huracán.

Para que un ciclón tropical sea considerado huracán necesita alcanzar vientos máximos sostenidos de al menos 74 millas por hora, equivalentes a unos 119 kilómetros por hora.

Bertha y Edouard llegaron aproximadamente a 60 mph.

Estuvieron por debajo del umbral.

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¿Cuántos huracanes deberían existir normalmente para estas fechas?

Aquí es donde la anomalía se vuelve mucho más evidente.

Para mediados de septiembre, una temporada promedio ya habría generado alrededor de:

9 tormentas tropicales

y

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4 huracanes.

2026 tiene cinco tormentas.

Y cero huracanes.

No sólo está por debajo del promedio.

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Está entre los arranques más lentos de toda la era de observación moderna.

A punto de romper un récord de 60 años

Las observaciones satelitales rutinarias del Atlántico comenzaron en 1966.

Ese cambio tecnológico es importante porque antes de los satélites una tormenta que permaneciera completamente sobre el océano y lejos de barcos podía pasar desapercibida.

Desde 1966, la vigilancia es considerablemente más completa.

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Dentro de ese periodo, el récord para el primer huracán más tardío corresponde a 2002 y 2013.

En ambos casos apareció el 11 de septiembre.

Este 11 de septiembre de 2026 el Atlántico sigue sin huracán.

Por ello, si ninguna tormenta alcanza esa intensidad antes del 12 de septiembre, 2026 pasará oficialmente a ocupar el primer lugar como la temporada con la espera más larga para su primer huracán en la era satelital.

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Otro récord: la energía ciclónica está por los suelos

Los meteorólogos no evalúan una temporada únicamente contando tormentas.

También utilizan un indicador llamado ACE, por sus siglas en inglés de Accumulated Cyclone Energy o Energía Ciclónica Acumulada.

El ACE considera dos factores:

qué tan fuerte es un ciclón;

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y cuánto tiempo mantiene esa intensidad.

Una tormenta muy poderosa y duradera genera mucho más ACE que una tormenta débil que desaparece rápidamente.

Al 10 de septiembre, el ACE acumulado de 2026 representaba el inicio de temporada más lento desde al menos 1966.

La cantidad de energía generada se parecía más a lo que normalmente tendría una temporada durante la segunda semana de julio que durante mediados de septiembre.

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¿Por qué no se están formando huracanes?

Un nombre aparece repetidamente entre las explicaciones:

El Niño.

Este fenómeno climático implica cambios en las temperaturas del Pacífico ecuatorial que terminan modificando patrones atmosféricos en distintas partes del planeta.

Para el Atlántico, un El Niño fuerte suele ser enemigo del desarrollo de huracanes.

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¿Por qué?

Por la cizalladura vertical del viento.

La cizalladura puede literalmente desorganizar una tormenta

Un ciclón necesita desarrollar una estructura vertical relativamente organizada.

El aire cálido y húmedo asciende alrededor del centro.

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Las tormentas eléctricas se organizan.

La circulación comienza a intensificarse.

Pero si los vientos cercanos a la superficie soplan en una dirección y los de niveles superiores soplan mucho más rápido o en otra dirección, la estructura comienza a inclinarse y romperse.

Eso es cizalladura.

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El fortalecimiento de El Niño ha favorecido precisamente condiciones de este tipo durante 2026.

Ha sido más difícil que las tormentas permanezcan suficientemente organizadas para intensificarse.

También existe aire seco

La cizalladura no es la única explicación.

Sectores importantes del Atlántico tropical han enfrentado aire relativamente seco y condiciones atmosféricas poco favorables.

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Un ciclón necesita humedad.

Cuando ingresa aire seco en su circulación, las tormentas alrededor de su centro pueden debilitarse.

Varios ingredientes que normalmente coinciden durante septiembre simplemente no se han alineado de forma favorable este año.

El océano puede estar caliente y aun así no producir huracanes

Éste es otro punto importante.

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Un mar caliente favorece huracanes.

Pero no los garantiza.

Para desarrollar un ciclón intenso hacen falta varios ingredientes simultáneos:

agua suficientemente cálida;

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atmósfera húmeda;

poca cizalladura;

una perturbación inicial;

y suficiente organización de la circulación.

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Si uno o varios elementos faltan, un océano cálido por sí solo no alcanza.

¿Significa esto que ya pasó el peligro?

No.

Y probablemente ésta sea la parte más importante de la nota.

La temporada termina oficialmente hasta el 30 de noviembre.

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Todavía quedan semanas capaces de producir ciclones importantes.

Septiembre continúa siendo el mes climatológicamente más activo.

Octubre también puede generar huracanes peligrosos, especialmente en el Caribe y el Golfo.

Incluso noviembre puede producir sistemas tropicales.

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La ausencia de huracanes durante la primera mitad de la temporada no garantiza que la segunda mitad permanezca igual.

Una sola tormenta puede cambiar por completo la percepción de una temporada

Las estadísticas de toda una cuenca cuentan una historia.

Las personas que viven en la trayectoria de un huracán viven otra.

Una temporada puede terminar con una cantidad inferior al promedio de ciclones.

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Pero si uno de ellos toca tierra sobre una zona densamente poblada como categoría 4, las consecuencias pueden ser enormes.

Por eso los meteorólogos suelen repetir una idea:

basta un solo huracán para convertir una temporada tranquila en una temporada devastadora para una comunidad.

El Atlántico y el Pacífico no son la misma temporada

Aquí también existe una confusión frecuente en México.

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Decir:

“no ha habido huracanes”

sólo es correcto si especificamos:

en el océano Atlántico.

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México también tiene actividad ciclónica en el Pacífico oriental.

De hecho, este viernes el Centro Nacional de Huracanes mantiene vigilancia y avisos sobre la tormenta tropical Norbert, ubicada sobre aguas abiertas del Pacífico.

Norbert registraba vientos máximos sostenidos de alrededor de 60 mph, equivalentes a unos 97 km/h.

Por lo tanto, el récord extraordinario corresponde específicamente a la cuenca atlántica.

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La imagen que circula no muestra la situación actual

La ilustración difundida junto a algunas publicaciones merece otra aclaración.

En ella aparecen varios huracanes simultáneos rodeando México por el Pacífico, Golfo y otras zonas.

No es una imagen satelital del 11 de septiembre de 2026.

Es una composición ilustrativa.

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El panorama real de este viernes muestra justamente lo contrario en el Atlántico:

ningún ciclón tropical activo.

Si se utiliza esa imagen en una nota, debe identificarse claramente como imagen ilustrativa.

De lo contrario puede transmitir la impresión falsa de que actualmente existen varios huracanes alrededor del país.

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¿Y qué significa esto para México?

Para las costas del Golfo de México y Caribe, la ausencia de actividad inmediata es una buena noticia.

No existe actualmente un ciclón atlántico amenazando directamente al territorio mexicano.

Pero todavía estamos dentro de la temporada.

Estados como Quintana Roo, Yucatán, Campeche, Tabasco, Veracruz y Tamaulipas deben mantener vigilancia durante las próximas semanas.

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México tiene una gran extensión costera expuesta tanto al Atlántico como al Pacífico.

¿Qué significa para Puebla y Atlixco?

Aquí hay otra precisión muy importante.

Que el Atlántico permanezca tranquilo no significa que Atlixco o Puebla dejen de tener lluvias.

Las precipitaciones del centro del país responden a numerosos mecanismos.

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Ondas tropicales.

Canales de baja presión.

Ingreso de humedad.

Sistemas del Pacífico.

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Relieve.

Convergencia de vientos.

E incluso ciclones que permanecen muy lejos.

Por ello, una tarde de tormenta en Atlixco no contradice la ausencia de huracanes en el Atlántico.

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Son fenómenos relacionados con la atmósfera tropical, pero no son equivalentes.

¿Esto contradice el cambio climático?

No.

Una temporada individual no sirve para confirmar ni refutar tendencias climáticas de largo plazo.

El clima se analiza durante décadas.

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La actividad ciclónica anual puede variar enormemente debido a fenómenos naturales como El Niño y La Niña.

Puede existir una temporada extraordinariamente activa seguida por otra muy tranquila.

El estudio del cambio climático analiza tendencias en temperatura del océano, precipitación, intensidad de ciclones, aumento del nivel del mar y numerosos indicadores durante periodos extensos.

Utilizar únicamente 2026 como prueba a favor o en contra sería científicamente incorrecto.

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Antes de los satélites, los registros son menos completos

También hay una razón por la que los meteorólogos hablan específicamente de un récord de la era satelital.

Antes de 1966, un ciclón podía desarrollarse en una zona remota del Atlántico.

Si nunca tocaba tierra.

Si ningún barco lo atravesaba.

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Y si no existían observaciones cercanas.

Podía pasar inadvertido.

Los satélites cambiaron eso.

Actualmente prácticamente cualquier circulación tropical significativa puede identificarse sobre el océano.

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Por ello, las comparaciones desde 1966 tienen mucha mayor confiabilidad.

Un comportamiento realmente raro

El término “histórico” suele utilizarse en exceso.

En este caso está cerca de estar justificado.

Llegar al pico climatológico sin un solo huracán no es normal.

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Llegar al 11 de septiembre sin ninguno ocurrió muy pocas veces durante las últimas seis décadas.

Y atravesar el 12 de septiembre sin el primero establecería una marca nueva para la era moderna de observación.

La calma no significa que la temporada haya terminado

El océano Atlántico parece extraordinariamente tranquilo.

Pero el calendario todavía marca septiembre.

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Eso significa que las temperaturas del agua continúan elevadas y queda suficiente tiempo para que aparezcan ventanas atmosféricas favorables.

El Niño puede continuar dificultando el desarrollo.

Pero no constituye una barrera absoluta.

Si una perturbación encuentra suficiente humedad, poca cizalladura temporal y aguas cálidas, todavía puede organizarse rápidamente.

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La contradicción de septiembre de 2026

Quizá ésa sea la imagen meteorológica más interesante de este año.

Llegamos al momento en que históricamente debería existir el máximo de actividad ciclónica del Atlántico.

Y encontramos:

cinco tormentas tropicales acumuladas;

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cero huracanes;

cero ciclones activos este viernes;

y uno de los niveles de energía ciclónica más bajos registrados para estas fechas.

Una temporada que debería estar en pleno movimiento está prácticamente dormida.

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Pero todavía no terminó.

La verdadera rareza de 2026 sólo podrá evaluarse completamente cuando llegue el 30 de noviembre.

final

La temporada atlántica atraviesa un comportamiento excepcional, pero todavía quedan más de dos meses antes de su cierre oficial.

¿Te sorprende que México esté en pleno septiembre y el Atlántico todavía no haya generado un solo huracán?

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