Arte & Cultura
Una llamativa imagen de un oso cubierto de abejas mientras sostiene un panal permite explicar las extraordinarias adaptaciones del oso malayo para alimentarse de miel e insectos.
¿Por qué los osos comen miel aunque los piquen las abejas? El sorprendente caso del oso malayo
Un oso sostiene un enorme fragmento de panal mientras numerosas abejas vuelan a su alrededor y se acumulan sobre su cabeza. La imagen parece confirmar uno de los estereotipos más famosos del mundo animal: los osos realmente están dispuestos a soportar picaduras para conseguir alimento dentro de una colmena.
Aunque no fue posible establecer con certeza el origen, fecha y contexto de la fotografía compartida, las características visibles del animal son compatibles con las de un oso malayo u oso del sol (Helarctos malayanus), una especie particularmente adaptada para buscar miel e insectos.
Y en su caso, la asociación con la miel no es solamente producto de caricaturas.
El oso más pequeño del mundo
El oso malayo habita principalmente en los bosques tropicales del sudeste asiático y es considerado la especie de oso más pequeña que existe actualmente.
Los adultos alcanzan aproximadamente entre 1.2 y 1.5 metros de longitud, y su peso puede situarse aproximadamente entre 27 y 68 kilogramos, de acuerdo con información recopilada por National Geographic.
Su nombre en inglés, sun bear, procede de la característica mancha clara que presenta sobre el pecho y que puede recordar la forma de un sol naciente.
Pero también recibe otro apodo particularmente apropiado:
“Honey bear” u “oso de la miel”.
Una lengua extraordinaria para alcanzar la miel
Una de sus principales herramientas se encuentra dentro de su boca.
El oso malayo posee una lengua extraordinariamente larga que puede utilizar para alcanzar alimento situado en lugares estrechos y profundos.
National Geographic señala que puede acercarse a los 25 centímetros de longitud.
Esto resulta especialmente útil cuando encuentra insectos o miel dentro de cavidades en árboles.
El San Diego Zoo Wildlife Alliance explica que sus poderosas patas delanteras y largas garras le permiten abrir madera mientras busca insectos o savia. Una vez localizada una fuente de alimento, su lengua puede introducirse en espacios que serían inaccesibles para muchos otros mamíferos.
Miel, insectos, frutas, pequeños vertebrados y diferentes partes de plantas forman parte de su alimentación.
Pero ¿las abejas no lo pican?
Sí.
Los osos no son inmunes al veneno de las abejas.
Cuando un mamífero de gran tamaño invade una colonia, las abejas pueden defenderla mediante picaduras.
La diferencia está en la protección natural del animal.
National Geographic explica que la piel y el pelaje gruesos del oso malayo ayudan a protegerlo mientras obtiene alimento de una colmena.
Esto no significa que ninguna abeja pueda alcanzarlo.
La cara y otras regiones donde existe menor protección siguen siendo vulnerables.
En otras especies de osos estudiadas se ha documentado que las abejas defensoras pueden picar principalmente la cara y las orejas, mientras tienen mayores dificultades para atravesar el pelaje de otras partes del cuerpo.
Esto ayuda a entender por qué las fotografías de osos atacando colmenas pueden mostrar una gran concentración de abejas alrededor de la cabeza.
El secreto: no necesariamente buscan solamente miel
Existe otro detalle que desmonta parcialmente la clásica imagen del oso obsesionado exclusivamente con el dulce.
Dentro de una colmena existe mucho más que miel.
También hay huevos, larvas y pupas.
El North American Bear Center explica, a partir de observaciones realizadas con osos negros, que las crías de las abejas pueden resultar nutricionalmente más valiosas que la propia miel porque aportan grasas y proteínas.
Por ello, cuando un oso destruye un panal puede estar consumiendo tanto miel como partes de la colonia.
En el oso malayo, además, los insectos constituyen una parte importante de su alimentación habitual.
Así que la recompensa potencial puede justificar el incómodo encuentro con cientos o incluso miles de pequeños defensores.
Garras diseñadas para buscar alimento
La lengua no es su única herramienta.
El oso malayo posee garras largas y curvas, además de fuertes extremidades delanteras.
Estas características cumplen varias funciones.
Le permiten escalar árboles —una actividad en la que esta especie es especialmente hábil— y romper madera para acceder a termitas, otros insectos y alimentos escondidos.
De hecho, estos pequeños osos pasan una parte considerable de su vida en los árboles y pueden incluso construir plataformas con ramas y hojas para descansar.
Una imagen divertida detrás de una especie amenazada
La escena de un oso comiendo un panal rodeado de abejas puede provocar una sonrisa, pero la situación de la especie merece una lectura adicional.
El oso malayo enfrenta amenazas derivadas de la pérdida de los bosques tropicales, la caza furtiva y el comercio ilegal de fauna silvestre.
National Geographic señala además que pueden ser perseguidos cuando entran en áreas agrícolas para consumir productos como palma aceitera, cocos o plátanos.
El San Diego Zoo Wildlife Alliance también advierte que estos conflictos con humanos constituyen una amenaza importante y que algunos ejemplares terminan muertos o capturados para el comercio de mascotas.
Cuando conseguir comida significa soportar unas cuantas picaduras
La naturaleza detrás de la imagen resulta más interesante que el meme.
El oso malayo reúne una serie de adaptaciones —pelaje protector, poderosas garras y una lengua extraordinariamente larga— que le permiten acceder a fuentes de alimento que resultarían difíciles para otros animales.
Las abejas se defienden.
Los osos pueden recibir picaduras.
Pero dentro del panal existe una recompensa energética considerable: miel, larvas, pupas y otros componentes nutritivos.
Así que la frase puede conservar algo de sentido:
cuando el contenido del panal vale la pena, unas cuantas abejas enfadadas quizá no sean suficiente para detener a un oso.
final
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