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José Sánchez del Río: el adolescente de 14 años que fue ejecutado durante la Guerra Cristera y terminó convertido en santo
Capturado en 1928, fue torturado y ejecutado después de negarse a abandonar su fe católica; 88 años después de su muerte fue canonizado por el papa Francisco.
Tenía solamente 14 años cuando fue capturado en medio de uno de los conflictos religiosos y políticos más violentos del México posrevolucionario. Su nombre era José Sánchez del Río y su muerte, ocurrida el 10 de febrero de 1928 en Sahuayo, Michoacán, terminaría convirtiéndolo décadas después en uno de los santos mexicanos más jóvenes de la Iglesia católica.
José nació el 28 de marzo de 1913.
Cuando comenzó la Guerra Cristera tenía apenas 13 años.
Sus hermanos mayores participaron en el movimiento y él también insistió en incorporarse.
Durante un enfrentamiento, el caballo de uno de los jefes cristeros cayó abatido. José entregó su propia montura para facilitar su escape y posteriormente fue capturado.
Su cautiverio terminaría de manera brutal.
Fue encarcelado, presionado para renunciar a su fe y sometido a torturas.
La documentación oficial del Vaticano señala que le desollaron las plantas de los pies y lo obligaron a caminar hasta el cementerio, donde continuaron exigiéndole que abandonara sus creencias.
José se negó.
Durante sus últimos momentos continuó gritando “¡Viva Cristo Rey!” y expresiones en honor a la Virgen de Guadalupe.
Finalmente fue ejecutado con un arma de fuego.
Era el 10 de febrero de 1928.
Décadas después, su historia fue reconocida formalmente por la Iglesia católica.
Fue beatificado en 2005 y el 16 de octubre de 2016, el papa Francisco lo canonizó en la Plaza de San Pedro.
Su historia permanece vinculada tanto con la memoria religiosa mexicana como con uno de los capítulos más complejos de la relación entre Iglesia y Estado en México.
José Sánchez del Río: el adolescente de 14 años ejecutado durante la Guerra Cristera que se convirtió en santo
descripción: José Sánchez del Río tenía 14 años cuando fue torturado y ejecutado en 1928 durante la Guerra Cristera. Conoce la historia del santo mexicano.
José Sánchez del Río tenía apenas 14 años cuando fue capturado y ejecutado en Sahuayo, Michoacán, durante la Guerra Cristera. Su historia trascendió el conflicto y en 2016 fue canonizado por el papa Francisco.
José Sánchez del Río: el adolescente de 14 años ejecutado durante la Guerra Cristera que se convirtió en santo
Tenía 14 años. Le faltaban pocas semanas para cumplir 15 cuando fue capturado, torturado y finalmente ejecutado en medio de uno de los episodios más complejos de la historia del México posrevolucionario. Se llamaba José Sánchez del Río y casi nueve décadas después de su muerte, la Iglesia católica lo reconocería oficialmente como santo.
Su historia ocurrió durante la Guerra Cristera, conflicto armado desarrollado entre 1926 y 1929 que enfrentó principalmente a grupos católicos levantados en armas contra el gobierno mexicano, en un contexto marcado por la aplicación de disposiciones legales que restringían las actividades religiosas.
José quedó atrapado —y decidió participar— en aquella confrontación siendo apenas un adolescente.
¿Quién fue José Sánchez del Río?
José nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán.
Provenía de una familia católica y creció en una región donde la religión tenía una importante presencia dentro de la vida comunitaria.
Cuando en 1926 comenzó la Guerra Cristera, tenía solamente 13 años.
Sus hermanos mayores se incorporaron a las fuerzas cristeras.
José quiso seguirlos.
La documentación histórica publicada por el Vaticano señala que pidió autorización a su familia para incorporarse y que, pese a las objeciones iniciales relacionadas con su edad, terminó participando en el movimiento.
Un adolescente dentro de una guerra
Este elemento resulta fundamental para observar la historia desde una perspectiva contemporánea.
José era menor de edad.
Su participación ocurrió dentro de un conflicto armado en el que cuestiones religiosas, políticas y sociales terminaron trasladándose al terreno militar.
Dentro del movimiento cristero se ganó el apodo de “Tarsicio”.
Su historia, sin embargo, cambiaría definitivamente durante un combate en 1928.
Entregó su caballo y terminó capturado
Durante un enfrentamiento, la montura de uno de los jefes de las fuerzas cristeras fue abatida.
José decidió entregar su propio caballo para permitir que el mando escapara.
El documento oficial elaborado por el Vaticano para su proceso de canonización confirma que José cedió su montura al jefe militar y que posteriormente fue capturado por las fuerzas gubernamentales.
La biografía vaticana también recoge este episodio y sitúa su captura en los primeros días de febrero de 1928.
José ya no regresaría con vida a su familia.
La Guerra Cristera: el México en el que ocurrió su historia
Para comprender lo ocurrido es necesario regresar al México posterior a la Revolución.
La Constitución de 1917 estableció diversas restricciones sobre la participación de instituciones religiosas y ministros de culto.
Durante el gobierno de Plutarco Elías Calles, la aplicación de esas disposiciones se endureció.
La tensión entre autoridades civiles y sectores católicos aumentó hasta desembocar en una rebelión armada.
El movimiento adquirió especial fuerza en estados como Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Colima y Zacatecas.
El grito “¡Viva Cristo Rey!” terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de los combatientes cristeros.
José Sánchez del Río formó parte de esa generación.
Fue encarcelado dentro de una iglesia
Después de su captura, José fue trasladado hasta Sahuayo.
Allí fue recluido en la iglesia parroquial, que había sido profanada y utilizada por las fuerzas federales.
Durante el cautiverio intentaron convencerlo de abandonar su posición.
La documentación vaticana señala que incluso le propusieron escapar para evitar la ejecución, pero se negó.
También fue obligado a presenciar el tormento de otro prisionero como una forma de presión.
José permaneció firme en sus creencias.
La carta que escribió antes de morir
Uno de los documentos más conocidos relacionados con su historia es una carta dirigida a su madre.
José sabía que podía morir.
El 6 de febrero de 1928, escribió desde Cotija una despedida en la que pidió a su madre aceptar lo que pudiera ocurrir y solicitó la bendición de sus padres.
El adolescente se encontraba a pocos días de ser ejecutado.
Le desollaron las plantas de los pies
El episodio más brutal ocurrió el 10 de febrero de 1928.
Los documentos de la Santa Sede establecen que sus captores le desollaron las plantas de los pies.
Después lo obligaron a caminar.
Su destino era el cementerio de Sahuayo.
El objetivo de las torturas, de acuerdo con la reconstrucción aceptada por la Iglesia durante el proceso de canonización, era conseguir que renunciara a su fe.
No lo hizo.
Caminó hasta el lugar donde sería ejecutado
José avanzó hacia el cementerio con los pies heridos.
Durante el trayecto continuó expresando públicamente su fe.
Al llegar al lugar donde había sido preparada su sepultura, volvió a ser presionado para que renegara de sus creencias.
La documentación del Vaticano señala que fue herido con arma blanca sin causarle inmediatamente la muerte.
Cada vez que era herido continuaba gritando:
“¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!”
Finalmente fue ejecutado mediante un disparo.
Era la noche del 10 de febrero de 1928.
José tenía 14 años.
¿Sus últimas palabras realmente fueron “Viva Cristo Rey”?
La expresión está ampliamente documentada dentro de las fuentes eclesiásticas.
Sin embargo, periodísticamente conviene hacer una precisión.
No existe una grabación de la ejecución.
Los relatos disponibles provienen de testimonios y de las reconstrucciones históricas posteriormente utilizadas por la Iglesia.
El propio Vaticano recoge que durante sus últimos momentos José reiteró expresiones como “¡Viva Cristo Rey!” y “¡Viva la Virgen de Guadalupe!”.
Por ello, es correcto atribuirle esas expresiones dentro del relato histórico, aunque resulta más preciso hablar de sus últimos gritos documentados que presentar una única frase como una transcripción incontrovertible del último segundo de su vida.
De adolescente ejecutado a mártir católico
La historia de José permaneció viva particularmente entre comunidades católicas mexicanas.
Décadas después comenzó formalmente su proceso de reconocimiento dentro de la Iglesia.
El 20 de noviembre de 2005, fue beatificado junto con otros mártires mexicanos.
Habían transcurrido aproximadamente 77 años desde su muerte.
Pero todavía faltaba otro paso.
El papa Francisco lo canonizó en 2016
El proceso culminó el 16 de octubre de 2016.
Ese día, durante una ceremonia celebrada en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el papa Francisco canonizó a José Sánchez del Río junto con otros beatos.
Desde entonces, para la Iglesia católica es oficialmente San José Sánchez del Río.
Habían pasado más de 88 años desde su ejecución.
Un personaje religioso dentro de un episodio histórico complejo
La canonización convirtió a José en una figura particularmente importante para el catolicismo mexicano.
Pero comprender su historia también exige observar críticamente el contexto.
La Guerra Cristera no fue simplemente una disputa religiosa.
Fue una confrontación armada vinculada con la construcción del Estado mexicano posterior a la Revolución, la aplicación de la Constitución, los límites establecidos a las instituciones religiosas, la resistencia católica y las decisiones políticas del gobierno federal.
Hubo violencia.
Hubo ejecuciones.
Hubo combatientes y civiles afectados.
Y existieron abusos que todavía son estudiados y debatidos por historiadores.
Estado laico y libertad religiosa
México es actualmente constitucionalmente un Estado laico.
Eso significa que las instituciones públicas no deben privilegiar una religión sobre otra.
Pero la laicidad tampoco significa perseguir las creencias religiosas.
La libertad de convicciones éticas, conciencia y religión forma actualmente parte de los derechos reconocidos por el orden constitucional mexicano.
La historia de la Guerra Cristera permite precisamente observar qué ocurre cuando las diferencias políticas, religiosas e ideológicas dejan de resolverse institucionalmente y terminan trasladándose hacia la violencia.
¿Mártir, combatiente o personaje histórico?
Las categorías dependen también del enfoque desde el cual se analice a José Sánchez del Río.
Para la Iglesia católica es un mártir y santo.
Históricamente fue también un adolescente que participó dentro de un movimiento armado durante la Guerra Cristera.
Ambas dimensiones forman parte de su biografía.
Reducirlo exclusivamente a una de ellas impediría comprender completamente su historia.
Una historia mexicana que sigue provocando preguntas
José Sánchez del Río murió hace casi un siglo.
Sin embargo, su historia continúa presente en templos, libros, películas, peregrinaciones y comunidades católicas.
También permanece dentro de la memoria histórica de un conflicto que México todavía analiza desde perspectivas políticas, religiosas y sociales diferentes.
Su muerte plantea preguntas que trascienden cualquier creencia particular:
¿Qué ocurre cuando el Estado y la religión entran en una confrontación extrema?
¿Cuáles deben ser los límites del poder gubernamental?
¿Cómo proteger simultáneamente un Estado laico y la libertad religiosa?
¿Y qué responsabilidad tienen los adultos cuando menores de edad terminan involucrados en conflictos armados?
José tenía solamente 14 años cuando murió.
En 2005 fue declarado beato.
En 2016 se convirtió oficialmente en santo para la Iglesia católica.
Y casi un siglo después, su historia continúa formando parte de uno de los capítulos más difíciles y debatidos del México del siglo XX.
final
La historia de José Sánchez del Río forma parte de un periodo donde religión, política y violencia se entrelazaron profundamente en México. ¿Qué enseñanzas debería dejar hoy la Guerra Cristera sobre libertad religiosa, Estado laico y resolución pacífica de los conflictos?
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