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Arte & Cultura

Fondo de Cultura Económica cumple 92 años: de textos de economía a referente editorial de Iberoamérica

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CIUDAD DE MÉXICO.— Hay instituciones cuyo nombre termina contando solamente una pequeña parte de su historia. El Fondo de Cultura Económica es una de ellas. Aunque hoy sus estantes contienen literatura, filosofía, historia, ciencias sociales, divulgación y libros infantiles, la palabra “económica” permanece como una huella del problema específico que dio origen a la editorial hace exactamente 92 años.

El 3 de septiembre de 1934 quedó constituido el fideicomiso que dio origen al Fondo de Cultura Económica, una iniciativa estrechamente ligada al historiador, economista, sociólogo y ensayista mexicano Daniel Cosío Villegas.

El propósito inicial era mucho menos amplio que el actual.

México necesitaba libros de economía en castellano.

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Los estudiantes de educación superior tenían acceso limitado a textos especializados porque muchas de las obras fundamentales circulaban principalmente en otros idiomas.

Cosío Villegas identificó el problema y convirtió la traducción y publicación de esos materiales en la base de una institución editorial.

Antes de los libros estuvo El Trimestre Económico

La historia había comenzado algunos meses antes.

El 29 de abril de 1934 apareció el primer número de la revista El Trimestre Económico, concebida para publicar textos especializados, traducciones y análisis sobre economía.

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Para septiembre ya se había constituido el fideicomiso del Fondo de Cultura Económica.

La institución comenzó entonces a desarrollar un proyecto editorial propio.

Sus primeros dos títulos aparecieron en 1935:

El dólar plata, de William P. Shea;

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y Karl Marx, de Harold Laski.

Ambos reflejaban claramente la orientación original de la editorial.

¿Por qué todavía se llama Fondo de Cultura Económica?

Porque el nombre sobrevivió a la expansión del proyecto.

Durante los primeros años, publicar economía era su razón fundamental de existir.

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Sin embargo, muy pronto el catálogo comenzó a crecer.

En 1939 surgió la colección Ciencia Política, posteriormente llamada Política y Derecho.

Ese mismo año apareció también una colección de Historia.

A partir de ahí, la editorial dejó progresivamente de ser exclusivamente económica.

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Historia.

Antropología.

Filosofía.

Literatura.

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Sociología.

Ciencia.

Ensayo.

Libros infantiles.

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El Fondo terminó construyendo un catálogo que atravesó prácticamente todo el campo de las humanidades y las ciencias sociales.

El nombre quedó.

La misión se transformó.

Una editorial mexicana que cruzó fronteras

El crecimiento tampoco se limitó al territorio nacional.

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Actualmente, el Grupo Fondo de Cultura Económica mantiene subsidiarias en Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, España, Estados Unidos, Guatemala y Perú.

Eso convirtió al FCE en algo más que una editorial mexicana.

Se transformó en un actor del espacio cultural iberoamericano.

Durante décadas, sus ediciones permitieron que estudiantes de distintos países tuvieran acceso en español a autores internacionales mediante traducciones y colecciones académicas.

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Y al mismo tiempo facilitó la circulación de escritores y pensadores latinoamericanos fuera de sus países de origen.

Más de 10 mil obras publicadas

Las dimensiones actuales ofrecen una idea de aquel crecimiento.

El propio Fondo informa que ha publicado más de 10 mil obras a lo largo de su historia.

Su catálogo electrónico supera además los 2 mil títulos.

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El número resulta relevante, pero no cuenta toda la historia.

Un catálogo editorial puede medirse por títulos.

Una institución cultural también se mide por influencia.

En el caso del FCE, generaciones de estudiantes universitarios conocieron autores extranjeros mediante sus traducciones.

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Profesores utilizaron sus libros como bibliografía académica.

Lectores encontraron obras difíciles de conseguir mediante otras editoriales.

Y colecciones enteras se convirtieron en parte reconocible de bibliotecas públicas y privadas.

Del conocimiento especializado al fomento de la lectura

La misión institucional también se modificó.

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Actualmente el FCE se define como una institución editorial del Estado mexicano dedicada a producir, comercializar y difundir obras académicas y culturales en distintos formatos, tanto dentro como fuera del país.

A ello suma un objetivo específico:

impulsar la cultura lectora y procurar que las publicaciones alcancen a diferentes sectores de la población.

Ese último punto revela uno de los grandes cambios respecto a 1934.

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La editorial ya no se dirige exclusivamente a estudiantes universitarios.

Busca también lectores generales, niñas, niños y jóvenes.

Una institución cultural también puede discutirse

Cumplir 92 años no convierte automáticamente a una institución en intocable.

El Fondo ha atravesado distintas administraciones, políticas editoriales y debates públicos.

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Como cualquier organismo financiado por el Estado, su gestión puede y debe evaluarse.

¿Qué publica?

¿Qué deja de publicar?

¿Cuánto cuestan sus libros?

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¿A qué comunidades llegan?

¿Cómo utiliza sus recursos?

¿Qué tan independiente es su política editorial?

Son preguntas legítimas.

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Una institución cultural puede tener una historia extraordinaria y al mismo tiempo ser objeto de escrutinio.

Ambas cosas son compatibles.

¿Por qué importa una editorial pública?

El aniversario plantea además una discusión que sigue abierta en México.

Los libros son bienes culturales.

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Pero también productos que cuestan dinero.

Cuando una obra especializada tiene un público reducido, una editorial comercial puede concluir que publicarla no resulta rentable.

Una editorial pública puede asumir otro criterio:

publicarla porque su valor académico, histórico o cultural justifica mantenerla disponible.

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Ahí está una de las razones por las que existen instituciones como el Fondo de Cultura Económica.

Su éxito no tendría que medirse exclusivamente por ventas.

También puede medirse por acceso al conocimiento.

El reto no es sólo publicar libros

México del 2026 es muy distinto al México de 1934.

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El problema inicial era conseguir textos académicos en español.

Hoy millones de contenidos pueden consultarse en internet en segundos.

Pero el acceso a información no necesariamente significa acceso a conocimiento confiable.

En ese contexto, el trabajo editorial continúa siendo relevante.

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Seleccionar.

Traducir.

Editar.

Corregir.

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Contextualizar.

Preservar.

Distribuir.

Una editorial realiza procesos que las redes sociales no sustituyen automáticamente.

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Atlixco, Puebla y la lectura desde lo local

El aniversario también puede observarse lejos de la Ciudad de México.

En municipios como Atlixco, la importancia de una institución editorial pública depende finalmente de algo muy concreto:

que los libros lleguen.

A escuelas.

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Bibliotecas.

Universidades.

Docentes.

Estudiantes.

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Niñas y niños.

Porque una editorial con miles de títulos tiene valor cultural.

Pero una editorial cuyos libros pueden ser leídos fuera de los grandes centros urbanos tiene todavía más impacto social.

Puebla posee además una amplia comunidad universitaria y educativa para la cual los catálogos académicos continúan siendo herramientas de formación.

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92 años después

Cuando Daniel Cosío Villegas impulsó el Fondo de Cultura Económica, probablemente el desafío parecía claro:

hacían falta libros de economía en español.

Noventa y dos años después, el problema es mucho más amplio.

Hay más libros.

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Más editoriales.

Más formatos.

Más pantallas.

Más información.

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Pero sigue existiendo una pregunta que aquella institución intentó resolver desde el comienzo:

¿cómo acercar conocimiento de calidad a quienes necesitan leerlo?

Quizá esa sea la razón por la que el aniversario del Fondo no pertenece solamente a una editorial.

También forma parte de la historia cultural y educativa de México.

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final

El Fondo de Cultura Económica comenzó intentando resolver la falta de libros especializados en español. Noventa y dos años después, el desafío sigue siendo acercar libros y conocimiento a cada vez más personas.

¿Cuál es el libro del Fondo de Cultura Económica que más recuerdas o que marcó tu formación?

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