Salud & Deportes
“Estoy bien”: por qué la salud mental de los hombres se ha convertido en una alerta en México
“Estoy bien”. Dos palabras pueden cerrar una conversación completa. También pueden ser ciertas. O pueden funcionar como una respuesta automática para evitar explicar aquello que resulta demasiado difícil decir en voz alta. Una imagen viral acompañada por la frase “Ese impulso masculino de fingir que todo está bien” volvió a abrir una conversación que México todavía necesita tener: la salud mental de los hombres.
El montaje reúne fotografías sonrientes de distintas figuras públicas y busca representar algo aparentemente contradictorio:
alguien puede parecer feliz mientras atraviesa dificultades fuera de la mirada de los demás.
Sin embargo, hay que comenzar con una precisión fundamental.
Una fotografía no permite conocer la salud mental de una persona.
Tampoco todas las historias representadas en este tipo de montajes terminan de la misma manera.
Mac Miller, por ejemplo, falleció en 2018 por una intoxicación accidental de fentanilo, cocaína y alcohol, de acuerdo con el médico forense del condado de Los Ángeles.
Liam Payne murió en 2024 por traumatismos y hemorragias derivados de una caída desde el tercer piso de un hotel en Buenos Aires.
Por ello, el valor de la imagen no está en utilizarla como “prueba” de que todos ocultaban ideación suicida.
Está en la conversación que provoca.
En México, casi ocho de cada diez suicidios corresponden a hombres
Los datos oficiales muestran una brecha considerable.
Durante 2024, México registró 9 mil 051 suicidios.
De ese total:
7 mil 296 correspondieron a hombres;
1 mil 752 a mujeres;
y tres casos no tuvieron sexo especificado.
Eso significa que aproximadamente ocho de cada diez muertes registradas correspondieron a población masculina.
La diferencia se vuelve todavía más clara cuando se analizan las tasas.
INEGI reportó 11.2 suicidios por cada 100 mil hombres, mientras entre las mujeres la tasa fue de 2.6 por cada 100 mil.
La tasa masculina fue, por tanto, más de cuatro veces superior.
El grupo de 30 a 44 años presenta una de las mayores tasas
El problema tampoco se distribuye igual entre edades.
Entre los hombres mexicanos de 30 a 44 años, la tasa llegó a 18.8 suicidios por cada 100 mil habitantes.
En el grupo de 15 a 29 años fue de 15.4.
Son edades asociadas normalmente con trabajo, formación de familias, responsabilidades económicas, crianza, proyectos profesionales y construcción patrimonial.
Y precisamente por ello existe una pregunta incómoda:
¿cuántos hombres están sosteniendo responsabilidades mientras emocionalmente se encuentran agotados?
“Los hombres no lloran”
Las normas sobre masculinidad se aprenden desde edades tempranas.
“Sé fuerte”.
“No llores”.
“No tengas miedo”.
“Resuélvelo”.
“No te quejes”.
Frases aparentemente inocentes pueden terminar construyendo una idea más amplia:
mostrar vulnerabilidad significa perder valor como hombre.
Eso puede afectar la manera en que algunas personas reconocen emociones y buscan ayuda.
Un hombre puede aceptar con facilidad ir al médico por una lesión muscular.
Pero admitir ansiedad, tristeza persistente, dependencia de sustancias o pensamientos autodestructivos puede sentirse completamente diferente.
No porque esos problemas sean menos reales.
Sino porque socialmente suelen juzgarse de otra manera.
Fingir estar bien no es un problema exclusivamente masculino
También hay que evitar otro extremo.
Las mujeres pueden ocultar sufrimiento.
Los adolescentes pueden hacerlo.
Las personas adultas mayores también.
Fingir bienestar no pertenece a un solo sexo.
El propio Sistema Nacional DIF ha advertido que fingir que todo está bien, aislarse o presentar alteraciones importantes del sueño pueden aparecer como señales de alerta dentro de contextos de crisis emocional.
La diferencia está en que algunos modelos tradicionales de masculinidad pueden reforzar especialmente la idea de guardar silencio.
No existe una sola causa del suicidio
Relacionar automáticamente suicidio y masculinidad también sería simplificar un fenómeno extremadamente complejo.
La Organización Mundial de la Salud señala que los factores involucrados pueden ser:
sociales;
culturales;
psicológicos;
biológicos;
ambientales;
y relacionados con experiencias acumuladas a lo largo de la vida.
También pueden influir crisis económicas, consumo de sustancias, enfermedades, pérdidas, conflictos familiares, violencia o antecedentes de intentos previos.
Por ello, decir simplemente que “los hombres se suicidan porque no hablan de sentimientos” sería incorrecto.
Pero preguntar si el silencio emocional dificulta pedir ayuda sí es legítimo.
El problema global supera las 720 mil muertes al año
La situación no es exclusivamente mexicana.
La OMS calcula que más de 720 mil personas mueren por suicidio cada año en el mundo.
Además, el suicidio figura entre las principales causas de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años.
Detrás de cada cifra existe una historia distinta.
Y por ello las estrategias de prevención tampoco pueden reducirse a un único mensaje.
Puebla tampoco está fuera del problema
En Puebla, la tasa estandarizada de suicidio durante 2024 fue de 6.8 por cada 100 mil habitantes, según INEGI.
El dato puede parecer menor frente a entidades con cifras más altas, pero representa personas, familias y comunidades que enfrentan consecuencias permanentes.
Desde municipios como Atlixco, la prevención también pasa por espacios cotidianos.
Escuelas.
Centros de trabajo.
Equipos deportivos.
Familias.
Grupos de amigos.
Universidades.
La amistad masculina y la pregunta que pocas veces hacemos
Hay una escena habitual.
Dos amigos pueden hablar durante horas.
Fútbol.
Trabajo.
Dinero.
Parejas.
Autos.
Videojuegos.
Política.
Entrenamiento.
Pero quizá nunca preguntarse directamente:
“¿Estás bien?”
Y mucho menos:
“¿Cómo estás realmente?”
La amistad masculina puede ser profunda sin ser necesariamente verbalmente emocional.
Eso no es malo por sí mismo.
El problema surge cuando alguien necesita hablar y siente que hacerlo rompería las reglas del grupo.
Una sonrisa no significa que alguien esté bien
La imagen viral funciona precisamente porque presenta personas sonriendo.
Pero esa idea necesita una segunda lectura.
Una sonrisa no significa necesariamente felicidad.
Aunque tampoco significa depresión.
Puede ser simplemente una fotografía.
El peligro consiste en intentar diagnosticar retrospectivamente cada imagen de una persona fallecida y pensar:
“debimos darnos cuenta”.
La realidad suele ser más compleja.
No todas las personas muestran señales evidentes.
Y familiares o amigos no siempre pueden prever una crisis.
El mensaje no debe convertirse en culpa
Cuando ocurre un suicidio, es común que quienes permanecen se pregunten:
“¿por qué no me di cuenta?”
“¿qué pude haber hecho?”
“¿por qué no me dijo?”
Pero la prevención no debería transformarse en culpabilización.
Una amistad no sustituye atención profesional.
Una pareja tampoco.
Una madre, un padre o un hermano pueden acompañar, escuchar y ayudar a buscar atención, pero no tienen la responsabilidad de diagnosticar.
Pedir ayuda también puede ser una forma de fortaleza
Probablemente aquí exista una de las ideas culturales que más necesitan cambiar.
La autosuficiencia absoluta no existe.
Nadie resuelve todo solo.
Las personas buscan médicos para enfermedades físicas.
Contadores para impuestos.
Abogados para problemas legales.
Entrenadores para mejorar físicamente.
Profesores para aprender.
Entonces acudir a un profesional de salud mental no tendría por qué interpretarse de forma distinta.
Pedir ayuda no elimina autonomía.
Puede ser precisamente una manera de recuperarla.
“Estoy bien” debería poder tener una segunda pregunta
El lenguaje cotidiano puede parecer insignificante.
Pero una conversación puede abrir espacios.
“How are you?”
“Bien”.
Y seguimos caminando.
Tal vez la diferencia aparezca cuando existe confianza suficiente para preguntar una vez más:
“No, en serio: ¿cómo estás?”
No existe garantía de que alguien quiera responder.
Y debe respetarse.
Pero también comunica algo importante:
si alguna vez necesita hablar, existe un lugar donde hacerlo.
Más allá de los memes
La frase “ese impulso masculino de fingir que todo está bien” funciona porque cientos de miles de hombres pueden reconocerse en ella.
Quizá no atraviesen una crisis suicida.
Quizá simplemente estén cansados.
Preocupados.
Asustados.
Con dificultades económicas.
Con problemas familiares.
Con una ruptura.
Con ansiedad.
O simplemente necesiten decir:
“hoy no estoy bien”.
Y poder hacerlo sin que esa frase se convierta en una pérdida de masculinidad.
Porque quizá la verdadera fortaleza no consiste en fingir que nada duele.
Consiste en saber cuándo algo pesa demasiado para cargarlo solo.
final
Hablar de salud mental masculina no significa asumir que todos los hombres sufren en silencio ni diagnosticar a quienes sonríen. Significa crear espacios donde decir “no estoy bien” no sea interpretado como una debilidad.
En México, la Línea de la Vida ofrece atención gratuita en el 800 911 2000.
¿Entre tus amigos existe realmente la confianza para decir “estoy mal” sin convertirlo inmediatamente en una broma?
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