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Nacional

Una tanda, cientos de reclamos y una muerte que no ocurrió

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JUÁREZ, N.L.— Primero dejaron de llegar algunos pagos y productos.

Después se perdió la comunicación.

Luego apareció una noticia inesperada:

la mujer que administraba las tandas supuestamente había muerto.

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Incluso existía una esquela.

Tenía fotografía.

Información funeraria.

Y señalaba el sitio donde presuntamente sería velada.

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La historia parecía cerrar cualquier posibilidad de que los participantes recuperaran lo que reclamaban.

Hasta que alguien llamó a la funeraria.

Y todo cambió.

Capillas Funerarias La Fe negó que la mujer estuviera siendo velada en sus instalaciones.

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La empresa aseguró además que no tenía relación laboral, comercial o de representación con ella y que la esquela había sido realizada por alguien externo.

El caso, ocurrido en Juárez, Nuevo León, se volvió rápidamente viral.

Pero detrás de la extravagancia de una supuesta muerte falsa existe un problema mucho más serio:

decenas —posiblemente cientos— de personas aseguran haber entregado dinero durante semanas sin recibir aquello que les correspondía.

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¿Quién es la mujer señalada?

Las publicaciones y testimonios identifican a la organizadora como Vanelly Zavala Hernández, aunque algunas coberturas la mencionan también como Luisa Vanelly Hernández.

De acuerdo con los reportes, administraba distintos grupos de WhatsApp relacionados con tandas.

Algunos funcionaban como sistemas tradicionales de ahorro.

Otros estaban diseñados para recibir artículos para el hogar al finalizar las aportaciones.

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El nombre “Tandas Vane” aparece vinculado a la actividad en varias publicaciones.

El sistema parecía relativamente sencillo.

Los participantes depositaban una cantidad semanal.

Conforme llegaba su turno, debían recibir efectivo o productos.

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La dinámica se mantuvo hasta que comenzaron los reclamos.

Una mujer depositó 750 pesos durante 30 semanas

Uno de los testimonios recopilados ayuda a entender la magnitud del compromiso económico.

Una afectada explicó que entregaba 750 pesos semanales durante 30 semanas.

Eso representa 22 mil 500 pesos aportados durante aproximadamente siete meses.

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A cambio esperaba recibir un paquete de artículos para el hogar:

una sala esquinera;

un comedor con seis sillas;

una televisión de 55 pulgadas;

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y una recámara.

Según su declaración, la fecha acordada llegó y los productos nunca fueron entregados.

Este tipo de modalidad convierte a la tanda en algo parecido a un sistema informal de compra programada.

Pero sin las protecciones que normalmente existen al adquirir productos mediante una empresa formal de crédito.

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Los reclamos comenzaron a multiplicarse

El problema dejó de parecer un caso aislado cuando comenzaron a aparecer más participantes.

Publicaciones en Facebook y grupos de WhatsApp mostraban acusaciones de personas que decían estar esperando efectivo o artículos.

Una de ellas aseguró que serían más de 300 personas las que reclamaban entregas.

También afirmó que al menos diez participantes habían presentado denuncias virtuales.

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La cifra total de afectados todavía no ha sido confirmada por una autoridad.

Pero la Fiscalía General de Justicia de Nuevo León sí confirmó al menos una denuncia formal.

Ese expediente estaría relacionado con una mujer que reclama 14 mil pesos que presuntamente no le fueron entregados.

¿De dónde salió el millón de pesos?

El dato de “un millón de pesos” se convirtió en el elemento más repetido de la historia.

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Diversas publicaciones aseguran que ése sería aproximadamente el monto acumulado entre las personas afectadas.

Pero existe una precisión fundamental:

no hay hasta ahora una resolución judicial que establezca que exactamente un millón de pesos fue defraudado.

La cifra proviene principalmente de cálculos y denuncias de quienes aseguran haber participado.

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Puede terminar siendo mayor.

Puede resultar menor.

O puede corresponder a diferentes esquemas administrados simultáneamente.

Será la investigación la que determine qué montos pueden acreditarse documentalmente.

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Entonces apareció la esquela

En medio de los reclamos comenzó a circular una imagen que parecía cambiar completamente la historia.

Anunciaba que Vanelly había fallecido.

Incluso algunas publicaciones atribuían la supuesta muerte a problemas emocionales y señalaban que “la depresión la había vencido”.

La esquela incluía además información aparentemente concreta sobre el velorio.

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Los restos serían recibidos en Capillas Funerarias La Fe.

Para varias personas que reclamaban pagos, aquello significaba algo evidente:

si la organizadora había muerto, recuperar su dinero sería todavía más difícil.

La sorpresa duró poco.

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La funeraria negó todo

El establecimiento publicó un comunicado para deslindarse.

La mujer no estaba siendo velada ahí.

No existía servicio funerario.

No habían tenido contacto con familiares o conocidos relacionados con ese supuesto velorio.

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Y la esquela no había sido elaborada por la empresa.

El desmentido convirtió una controversia económica en una historia nacional.

¿Por qué alguien había fabricado una esquela?

¿Quién quería hacer creer que la organizadora estaba muerta?

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¿Se trataba realmente de un intento para detener los reclamos?

La versión viral: fingió su muerte para no pagar

Internet respondió rápidamente.

La conclusión más difundida fue que la propia mujer había planeado su muerte falsa para desaparecer con el dinero.

Titulares y publicaciones comenzaron a resumir el episodio como:

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“Fingió su muerte para no pagar una tanda de un millón de pesos”.

La explicación es llamativa.

Y puede parecer lógica por la secuencia de acontecimientos.

Pero existe un problema periodístico:

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todavía no está demostrada.

La mujer reapareció y negó haber creado la esquela

Después de que el caso se volviera viral, Vanelly reapareció en redes sociales.

Negó haber fingido su muerte.

Según su versión, algunas de sus propias clientas habrían realizado y difundido la falsa esquela.

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No existe hasta ahora una determinación oficial sobre quién la elaboró.

Por eso hay que separar dos cuestiones distintas.

Una es si existen adeudos o un posible fraude.

La otra es quién inventó el fallecimiento.

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Ambas pueden estar relacionadas.

O no.

La investigación tendrá que aclararlo.

Lo confirmado y lo que todavía es acusación

Hasta ahora podemos separar los hechos de esta manera.

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Está confirmado que circuló una esquela falsa.

Está confirmado que la funeraria negó el servicio.

Está confirmado que la mujer está viva.

Está confirmado que existe al menos una denuncia por dinero presuntamente no entregado.

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Lo que todavía no está probado judicialmente es:

que la organizadora haya creado la esquela;

que haya organizado personalmente una muerte falsa;

que haya robado exactamente un millón de pesos;

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o que todas las personas que reclaman sean víctimas de un mismo delito.

Esa diferencia es esencial.

¿Qué es una tanda?

Las tandas forman parte de la cultura económica informal de México desde hace décadas.

El funcionamiento básico consiste en reunir a un grupo.

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Cada integrante aporta periódicamente una cantidad.

En cada periodo, una persona recibe todo lo acumulado.

Por ejemplo:

10 personas aportan mil pesos mensuales.

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Cada mes una recibe 10 mil pesos.

El proceso continúa hasta que todos hayan recibido el monto.

El sistema no genera intereses.

Tampoco necesita un banco.

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Por eso resulta atractivo.

Pero su principal garantía es la confianza.

El gran riesgo: casi todo depende de la persona que organiza

Cuando la tanda ocurre entre familiares o compañeros que se conocen personalmente, existe cierta presión social para cumplir.

El problema cambia cuando las redes sociales amplían el sistema.

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Una organizadora puede administrar cientos de participantes.

Recibir transferencias.

Crear grupos de WhatsApp.

Prometer productos.

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Y manejar cantidades mucho mayores que las de una tanda tradicional.

Si algo sale mal, las personas descubren que no necesariamente existen contratos, garantías o mecanismos automáticos para recuperar su dinero.

Las tandas no son automáticamente ilegales

Organizar una tanda entre particulares no constituye por sí mismo un delito.

El problema aparece cuando existe engaño, apropiación indebida del dinero o incumplimientos acompañados por elementos que puedan configurar fraude.

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Eso debe acreditarse.

Un retraso en un pago no convierte automáticamente a alguien en defraudador.

Pero si existe un patrón de captación de dinero acompañado por promesas que nunca se cumplen y acciones orientadas a ocultar o retener recursos, la autoridad puede investigar posibles conductas penales.

Ese es precisamente el terreno en el que tendrá que avanzar la Fiscalía.

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WhatsApp cambió la escala de las tandas

Hace años, una tanda podía formarse entre diez compañeras de trabajo o vecinos.

Ahora un solo administrador puede tener múltiples grupos.

Cada grupo puede contener decenas o cientos de personas.

Las transferencias bancarias permiten enviar dinero sin verse personalmente.

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Ese crecimiento ofrece comodidad.

Pero también aumenta el riesgo.

La confianza tradicional se sustituye por una foto de perfil, publicaciones, capturas de transferencias y reputación en redes.

Cuando la cantidad de participantes aumenta, el monto administrado también puede crecer rápidamente.

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¿Cómo reducir riesgos al entrar a una tanda?

No existe una forma de eliminar completamente el riesgo en un sistema informal.

Pero sí pueden tomarse precauciones.

Es recomendable conservar comprobantes de cada transferencia, mensajes donde aparezcan las condiciones, nombre completo de quien administra, fechas, montos y turnos.

Si se entregarán productos, conviene guardar descripción exacta, precio y fecha prometida.

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Cuando las cantidades comienzan a ser considerables, un acuerdo escrito proporciona mayor claridad que una conversación de WhatsApp.

También es conveniente desconfiar de esquemas donde el organizador administra simultáneamente cantidades muy grandes sin explicar de manera transparente cómo resguarda el dinero.

Una falsa esquela puede tener consecuencias más allá de una broma

Independientemente de quién la haya elaborado, fabricar una esquela utilizando el nombre de una empresa funeraria puede provocar daños.

La funeraria tuvo que salir públicamente a deslindarse.

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Clientes comenzaron a contactar al establecimiento.

La reputación de la compañía quedó involucrada en una controversia ajena.

Ese detalle explica por qué el negocio insistió en aclarar que no tenía ninguna relación con el supuesto servicio.

Las redes convirtieron una disputa local en noticia nacional

El caso comenzó dentro de grupos de participantes.

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Después saltó a Facebook.

Luego apareció la esquela.

La funeraria respondió.

Y en cuestión de horas el episodio comenzó a circular en medios nacionales.

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La historia reunía todos los elementos necesarios para hacerse viral:

dinero;

una supuesta estafa;

una falsa muerte;

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una funeraria;

y cientos de personas indignadas.

Pero esa misma velocidad implica un riesgo.

Los titulares pueden adelantarse a las investigaciones.

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“Fingió su muerte” es una frase poderosa, pero todavía no es una conclusión oficial

Éste es quizá el punto más importante.

Hay suficientes elementos para investigar.

Hay testimonios.

Hay una esquela falsa.

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Hay una funeraria desmintiendo.

Y hay al menos una denuncia formal.

Pero todavía no existe sentencia.

Por ello, un medio responsable debe distinguir entre decir:

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“una mujer fingió su muerte”

y

“una mujer es acusada de fingir su muerte”.

La diferencia parece pequeña.

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Jurídicamente y periodísticamente es enorme.

¿Qué sigue ahora?

La Fiscalía deberá revisar las denuncias.

Comprobantes bancarios.

Chats.

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Acuerdos.

Fechas.

Montos.

Y cualquier evidencia relacionada con los productos que supuestamente no fueron entregados.

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También podría determinarse quién elaboró la falsa esquela si ese elemento forma parte de las investigaciones o genera una denuncia independiente.

La existencia de cientos de acusaciones en redes no sustituye esa etapa.

Pero tampoco significa que deban ignorarse.

Pueden convertirse en testimonios y evidencia cuando están acompañados de documentación.

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Una historia extraña que deja una advertencia muy común

Lo llamativo del caso es la supuesta muerte.

Pero el verdadero tema es mucho más cotidiano.

Miles de mexicanos participan cada día en sistemas de ahorro informal basados casi completamente en confianza.

La mayoría funciona sin problemas.

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Pero cuando las cantidades crecen, también crece el riesgo.

Una tanda de mil pesos entre diez conocidos no es lo mismo que administrar simultáneamente recursos de cientos de personas mediante internet.

La tecnología convirtió una práctica comunitaria en algo potencialmente masivo.

Y los mecanismos de protección no siempre crecieron al mismo ritmo.

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De una esquela falsa a una investigación real

La supuesta muerte resultó falsa.

La controversia económica, en cambio, ya llegó ante las autoridades.

Ahora será la Fiscalía quien deba determinar qué ocurrió realmente.

Quién debe dinero.

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Cuánto.

A cuántas personas.

Y si existió un delito.

Hasta entonces, la conclusión más precisa no es que una mujer “murió para escapar de una tanda”.

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Es ésta:

una falsa esquela apareció justo cuando cientos de personas reclamaban dinero, una funeraria desmintió el velorio y una investigación comienza a separar lo viral de lo comprobable.

final

Las tandas pueden ser una herramienta útil de ahorro, pero cuando involucran grandes cantidades y personas desconocidas, la confianza por sí sola puede no ser suficiente.

¿Has participado alguna vez en una tanda? ¿Qué medidas utilizas para asegurarte de que el dinero esté protegido?

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