Entretenimiento
Betty Bromage rompe récord Guinness a los 97 años haciendo wing walking tras sufrir un ACV
A los 97 años, Elizabeth “Betty” Bromage volvió a subir a la parte exterior de un avión y consiguió algo que ya parecía extraordinariamente difícil de superar:
rompió su propio récord Guinness como la mujer de mayor edad en realizar wing walking.
La británica completó la hazaña el 4 de agosto de 2026 en Cirencester, Gloucestershire, Reino Unido, de acuerdo con el registro oficial de Guinness World Records.
Era la sexta vez que realizaba este tipo de actividad.
La primera había ocurrido cuando tenía 87 años.
Pero este vuelo era diferente a todos los anteriores.
Bromage había sufrido un accidente cerebrovascular apenas un año antes.
Y decidió regresar al cielo para agradecer precisamente a quienes la ayudaron durante su recuperación.
¿Qué es el wing walking?
La traducción literal suele aparecer como “caminar sobre las alas de un avión”, pero requiere una explicación.
El wing walking es una disciplina acrobática en la que una persona permanece sujeta mediante un sistema de seguridad a la parte exterior de una aeronave, generalmente sobre el ala superior de un biplano, mientras el piloto realiza el vuelo.
Su historia se remonta a las exhibiciones aéreas de las primeras décadas del siglo XX.
En sus formas modernas se realiza de manera regulada y con equipamiento especializado.
Por ello, Bromage no estaba caminando libremente de un extremo a otro del ala mientras el avión volaba.
Permanecía asegurada al aparato durante la maniobra.
Eso, sin embargo, no hace mucho menos impresionante la escena.
Guinness confirma el nuevo récord
Guinness World Records reconoce a Bromage como la mujer de mayor edad en realizar wing walking.
El organismo registra que nació el 12 de marzo de 1929 y que el nuevo intento fue verificado el 4 de agosto de 2026 en Cirencester.
La nueva marca supera el récord que ella misma había establecido cuatro años atrás.
En 2022 tenía 93 años cuando realizó otro vuelo sobre Rendcomb Aerodrome.
Aquella experiencia incluyó maniobras mucho más intensas que un vuelo convencional:
un loop-the-loop y un barrel roll.
Empezó a los 87 años
Una de las partes más llamativas de la historia es que Betty Bromage no fue una acróbata aérea durante su juventud.
Su afición comenzó ya entrada en la tercera edad.
Guinness relata que descubrió el wing walking después de ver un anuncio de televisión de una barra de chocolate Crunchie que incluía una exhibición de este tipo.
Decidió probar.
Tenía 87 años.
Después del primer vuelo quiso repetir.
Desde entonces convirtió la actividad en una combinación de aventura personal y recaudación de fondos para organizaciones benéficas.
Un accidente cerebrovascular cambió el significado del nuevo vuelo
En agosto de 2025, Bromage sufrió un accidente cerebrovascular.
Fue atendida en Cheltenham General Hospital y ha explicado que el episodio todavía afecta algunas palabras al hablar, aunque pudo continuar realizando diferentes actividades.
Para su regreso al avión en 2026 decidió convertir la experiencia en un agradecimiento.
Su campaña oficial de recaudación explica que el tratamiento recibido en Cheltenham había sido excepcional y que quería dedicar el nuevo vuelo al personal de Gloucestershire Hospitals y reunir fondos para la unidad de atención a pacientes con accidentes cerebrovasculares.
El hospital también fue parte de su vida profesional
Existe otra conexión que vuelve más personal la campaña.
Betty Bromage comenzó su formación como enfermera en Cheltenham General Hospital en 1949.
Posteriormente trabajó durante gran parte de su carrera como enfermera responsable en el departamento de Accidentes y Emergencias.
Décadas después regresó al mismo hospital.
Pero esta vez como paciente.
La experiencia cerró una especie de círculo: una mujer que había dedicado parte de su vida profesional a atender emergencias terminó utilizando una de sus mayores aventuras para ayudar económicamente al lugar que la atendió cuando ella lo necesitó.
¿Cuánto dinero ha recaudado?
La campaña creada a través de JustGiving había acumulado, al momento de esta revisión, 1,635 libras esterlinas en 76 donaciones, además de cantidades adicionales mediante el esquema británico Gift Aid.
Los fondos están destinados a Cheltenham and Gloucester Hospitals Charity.
La organización utiliza las donaciones para apoyar equipamiento, espacios hospitalarios, atención especializada y proyectos para pacientes y personal sanitario.
Seis vuelos desde los 87 años
El vuelo de 2026 fue el sexto de Bromage.
Sus cinco experiencias anteriores también estuvieron vinculadas con campañas benéficas.
En años previos había recaudado dinero especialmente para Sue Ryder Leckhampton Court Hospice, una institución dedicada a cuidados paliativos y apoyo al final de la vida.
En una campaña de 2018, por ejemplo, consiguió más de 3,700 libras para Sue Ryder.
Así, la espectacularidad de sus vuelos ha funcionado durante años como mecanismo de captación de fondos.
“Quiero hacer las cosas que sí puedo hacer”
Bromage ha reconocido que la edad ha cambiado varios aspectos de su vida.
Ya no conduce.
Su visión se ha reducido.
Y algunas limitaciones pueden frustrarla.
Pero su respuesta consiste en concentrarse en aquello que todavía está a su alcance.
En entrevista con la BBC lo resumió al explicar que quiere seguir haciendo las cosas que puede hacer porque, de otro modo, la vida le resultaría aburrida.
La frase se convirtió rápidamente en uno de los elementos más compartidos de su historia.
Envejecer no significa que todos deban hacer actividades extremas
La historia puede resultar inspiradora, pero también necesita una precisión.
El caso de Bromage es extraordinario precisamente porque no representa una situación común.
El wing walking es una actividad especializada que requiere protocolos de seguridad y condiciones físicas determinadas.
Una persona mayor —especialmente alguien que haya atravesado un accidente cerebrovascular, enfermedad cardiovascular u otra condición médica— no debe utilizar esta historia como autorización para realizar actividades similares sin la correspondiente valoración profesional.
El mensaje relevante no consiste en que todas las personas de 90 años deban subir a un avión.
Consiste en algo bastante más amplio:
la edad cronológica no define por sí sola todas las actividades, intereses o proyectos que una persona puede conservar.
Un récord que habla también del envejecimiento activo
Las sociedades están envejeciendo.
Eso obliga también a cambiar la manera en que imaginamos a las personas mayores.
Durante mucho tiempo, la vejez fue representada casi exclusivamente mediante enfermedad, retiro y dependencia.
Esas realidades existen y requieren atención.
Pero no describen a todas las personas.
Algunas continúan trabajando.
Otras estudian.
Viajan.
Realizan ejercicio.
Comienzan nuevos pasatiempos.
Participan en actividades comunitarias.
Y algunas, excepcionalmente, terminan aseguradas sobre el ala de un avión.
Su rival masculino tiene 98 años
Betty no es la única persona nonagenaria que ha conseguido una marca en esta disciplina.
Guinness reconoce actualmente a Harold “Harry” Heasman, de Reino Unido, como el hombre de mayor edad en realizar wing walking.
Lo consiguió el 23 de mayo de 2026 cuando tenía 98 años.
Su vuelo también estuvo ligado a una causa solidaria: recaudar fondos para una organización dedicada a niños con cáncer.
Ambos casos muestran una curiosa característica de estos récords:
las hazañas personales terminan siendo utilizadas para recaudar dinero para otras personas.
A los 97 años, Betty volvió a mirar hacia arriba
Cuatro años después de su primer récord mundial y uno después de un accidente cerebrovascular, Betty Bromage volvió al aeródromo.
Subió al avión.
Fue asegurada sobre el ala.
El aparato despegó.
Y nuevamente estableció una marca mundial.
Pero probablemente el dato más importante no sea únicamente Guinness.
El vuelo consiguió que cientos de personas prestaran atención a una campaña destinada a mejorar la atención hospitalaria de quienes sufren accidentes cerebrovasculares.
Una mujer que comenzó a practicar esta disciplina a los 87 años consiguió a los 97 transformar una aventura personal en una historia mundial.
Y cuando le preguntaron por qué continúa buscando estas experiencias, su respuesta fue mucho más sencilla que cualquier récord:
prefiere hacer aquello que todavía puede hacer.
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