Arte & Cultura
¿Criticas el “farmear aura”? Los millennials también tuvieron el Harlem Shake y el internet no olvida
“Esta generación está perdida”.
“¿Qué están haciendo estos niños?”
“Qué vergüenza”.
“En mis tiempos no hacíamos esas cosas”.
Las batallas de “farmear aura” que durante agosto de 2026 comenzaron a extenderse por México y distintos países latinoamericanos han generado exactamente el tipo de reacción que suele acompañar a prácticamente cualquier nueva moda juvenil.
Videos muestran a adolescentes y jóvenes formando círculos mientras dos participantes realizan caminatas, poses, bailes, miradas y movimientos exagerados.
El público grita.
Las redes califican simbólicamente la actuación.
Alguien ganó “+1000 puntos de aura”.
Otro perdió 500.
Y una parte de los adultos observa desde internet preguntándose qué está pasando con las nuevas generaciones.
Pero si perteneces a la generación millennial, quizá convenga abrir los archivos digitales antes de juzgar demasiado rápido.
Porque internet recuerda el Harlem Shake.
En 2013 todos parecían querer hacer el Harlem Shake
Regresemos trece años.
Febrero de 2013.
TikTok no existía.
Instagram todavía estaba lejos de convertirse en la maquinaria cultural que conocemos actualmente.
YouTube ocupaba uno de los centros de la cultura viral.
Y entonces apareció un formato tan sencillo como absurdo.
Una persona comenzaba a moverse al ritmo de Harlem Shake, canción del productor Baauer.
Los demás permanecían aparentemente indiferentes.
Después de unos segundos llegaba el cambio musical.
Corte de edición.
Y el lugar se convertía en caos.
Personas disfrazadas.
Cascos.
Máscaras.
Movimientos deliberadamente ridículos.
Objetos sin explicación.
Bailes sin coreografía.
Eso era prácticamente todo.
Y el planeta perdió la cabeza.
Miles de videos en cuestión de días
El fenómeno creció a una velocidad extraordinaria.
Para el 11 de febrero de 2013, apenas unos días después de comenzar la explosión viral, ya se habían publicado aproximadamente 12 mil versiones, que acumulaban más de 44 millones de visualizaciones.
Cuatro días después existían cerca de 40 mil videos derivados.
Las reproducciones ya se contaban por cientos de millones.
El fenómeno alcanzó alrededor de mil millones de visualizaciones en solo 40 días.
Para dimensionarlo: aquellas personas no estaban viendo un video específico mil millones de veces.
Estaban viendo miles y miles de grupos haciendo esencialmente la misma tontería.
Y disfrutándolo.
Hasta hubo un récord Guinness
El meme abandonó también las habitaciones y llegó a espacios públicos.
El 11 de febrero de 2013, el dúo Matt & Kim consiguió reunir a 3,344 personas para realizar una gigantesca versión del Harlem Shake en Nueva York.
Guinness World Records reconoció posteriormente la actividad como el mayor Harlem Shake realizado hasta entonces.
Es decir:
mucho antes de que jóvenes se reunieran en plazas para farmear aura, miles de adultos jóvenes ya se estaban reuniendo para bailar deliberadamente de forma absurda frente a una cámara.
Entonces, ¿qué es diferente con el “farmear aura”?
Principalmente el lenguaje.
“Farmear” procede del vocabulario de los videojuegos.
En ese contexto significa repetir determinadas acciones para acumular experiencia, recursos, objetos o puntos.
“Aura”, dentro de la jerga actual de internet, se utiliza humorísticamente para describir la presencia, carisma, seguridad o estilo que proyecta una persona.
Juntas producen una expresión:
farmear aura = hacer algo que aumente simbólicamente tu nivel de carisma.
Por ejemplo:
entrar espectacularmente a un lugar.
Responder de manera inesperadamente segura.
Hacer un movimiento que sorprenda.
Mantener una expresión seria en una situación complicada.
Internet responde:
“+1000 aura”.
Y después aparecieron las batallas
Como suele ocurrir con los memes, alguien llevó la idea un paso más allá.
Si puedes acumular puntos imaginarios de aura…
¿por qué no competir para descubrir quién consigue más?
Así surgieron las batallas presenciales.
Dos participantes entran a un espacio delimitado y realizan movimientos, poses, bailes o referencias reconocibles de internet.
El público funciona como jurado.
No existe necesariamente un marcador formal.
Los gritos, risas y aplausos indican quién logró mayor impacto.
Durante agosto de 2026 estos eventos comenzaron a aparecer en distintos países latinoamericanos, incluido México.
¿Es ridículo?
Probablemente.
Pero esa puede ser precisamente la idea.
Una gran parte de las tendencias juveniles no está diseñada para parecer seria ante los adultos.
Existe para divertir a quienes entienden el código.
Una persona ajena a la cultura del momento puede observar una batalla de aura y no comprender absolutamente nada.
Exactamente lo mismo habría sucedido si en 2013 alguien de 60 años entraba a una oficina y encontraba a veinte empleados disfrazados moviéndose frenéticamente mientras uno llevaba una caja sobre la cabeza.
La explicación:
“Estamos haciendo un Harlem Shake”.
probablemente tampoco habría ayudado demasiado.
El “cringe” también envejece
Existe además una característica interesante de la memoria generacional.
Las personas suelen recordar con cariño la cultura de su juventud, pero olvidar sus elementos más absurdos.
Los millennials pueden recordar internet como la época de los primeros memes, YouTube, Facebook y Tumblr.
Pero también existieron:
Harlem Shake.
Planking.
Videos de personas haciendo lip sync.
Photobombing.
Challenges.
Gangnam Style repetido hasta el agotamiento.
Fotos con filtros excesivos.
Frases motivacionales publicadas sobre fotografías de playas.
Y una enorme cantidad de contenido que hoy probablemente provocararía vergüenza a sus propios autores.
La Generación Z tampoco inventó el cringe
Aquí aparece una palabra particularmente útil.
“Cringe”.
Actualmente se utiliza para describir aquello que provoca vergüenza ajena.
Pero cada generación tuvo sus propios momentos.
Antes de TikTok existió Vine.
Antes de Vine, YouTube.
Antes de YouTube, foros y cadenas de correo electrónico.
Y antes de internet también existieron tendencias juveniles que desconcertaban a los adultos.
Peinados.
Bailes.
Expresiones.
Ropa.
Música.
La tecnología cambia la velocidad con la que estas modas aparecen y desaparecen.
La conducta humana no tanto.
Hay una diferencia importante: ahora queda grabado todo
Aquí sí existe algo nuevo.
Las generaciones anteriores podían hacer algo vergonzoso durante su adolescencia y esperar razonablemente que desapareciera.
Una fotografía podía quedar perdida dentro de un álbum familiar.
Una fiesta terminaba y existía únicamente en la memoria de quienes estuvieron presentes.
Los jóvenes actuales tienen otro problema:
su cringe puede permanecer en internet durante décadas.
TikTok.
Instagram.
YouTube.
X.
Capturas de pantalla.
Reposteos.
Copias.
Eso significa que dentro de diez o quince años algunos participantes de las actuales batallas probablemente encontrarán un video suyo haciendo una pose “sigma” frente a cien compañeros.
Y quizá experimenten exactamente lo mismo que siente hoy un millennial cuando alguien encuentra su Harlem Shake de 2013.
Dejen a los jóvenes tener modas tontas
Esto no significa que todas las tendencias juveniles deban aceptarse sin cuestionamiento.
Han existido retos virales peligrosos.
Conductas que implican lesiones.
Dinámicas de acoso.
Riesgos automovilísticos.
Consumo problemático de sustancias.
Ese tipo de tendencias requieren intervención y prevención.
Pero las batallas de aura conocidas actualmente funcionan fundamentalmente como competencias humorísticas de poses, movimientos y actuación sin contacto físico.
El riesgo principal parece ser bastante menos dramático:
que dentro de algunos años los participantes vean sus videos y mueran un poco de vergüenza.
Una experiencia bastante universal.
Incluso hay algo positivo
Existe una ironía particularmente interesante.
Durante años los adultos han repetido:
“Los jóvenes ya no salen”.
“Todo el día están pegados al celular”.
“Ya no conviven”.
“Solo viven en TikTok”.
Ahora una tendencia de TikTok provoca que algunos jóvenes:
salgan de casa;
se encuentren con amigos;
ocupen plazas y espacios universitarios;
formen grupos;
actúen frente a otras personas;
y convivan físicamente.
¿Y la respuesta?
“Qué ridículos”.
Parece difícil ganar.
Del Harlem Shake al aura farming
Cada generación necesita construir sus propios códigos.
En 2013 podía ser una canción electrónica y treinta segundos de caos.
En 2026 puede ser una batalla de poses y puntos imaginarios de carisma.
Probablemente en 2035 aparecerá algo todavía más incomprensible.
Y es muy posible que algunos de quienes hoy farmean aura escriban entonces:
“¿Qué les pasa a los jóvenes de ahora?”
Ese quizá sea el verdadero ciclo.
Los jóvenes crean una moda.
Los adultos se burlan.
Los jóvenes crecen.
Olvidan su propia moda.
Y se burlan de los siguientes.
Internet simplemente conserva las pruebas.
Así que antes de criticar demasiado a quienes hoy están saltando, haciendo poses o intentando sumar “aura”, quizá los millennials deban realizar una búsqueda rápida en YouTube.
Harlem Shake, 2013.
Y después decidir si realmente tienen autoridad moral para hablar de cringe.
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